EE.UU. e Irán inician negociaciones directas en Pakistán para frenar la guerra

El encuentro se realiza durante una tregua de dos semanas que permite reabrir el estratégico estrecho de Ormuz para el suministro energético global

En un giro diplomático de alto riesgo, delegaciones de Estados Unidos e Irán iniciaron en Islamabad un proceso de diálogo directo que busca poner fin a seis semanas de conflicto en Medio Oriente, en lo que ya es considerado el acercamiento más relevante entre ambas naciones en décadas.

La capital de Pakistán se convirtió este sábado en el epicentro de las conversaciones, con una mediación activa del gobierno encabezado por Shehbaz Sharif. El encuentro ocurre bajo una tregua temporal de dos semanas que incluye la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, clave para el suministro energético global.

El vicepresidente estadounidense, JD Vance, encabeza la delegación de Washington, acompañado por el enviado especial Steve Witkoff y el asesor Jared Kushner. Por parte de Irán, participan el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, y el canciller Abbas Araqchi.

A diferencia de procesos previos, las delegaciones sostienen encuentros cara a cara, dejando atrás el modelo de negociaciones indirectas. Este cambio se da tras avances preliminares y una reducción parcial de hostilidades en zonas como el sur de Líbano.

Sin embargo, el proceso arranca con tensiones visibles. Fuentes de ambos lados han difundido versiones contradictorias sobre acuerdos iniciales, incluyendo el tránsito de buques en Ormuz y la posible liberación de activos iraníes congelados.

El núcleo del conflicto diplomático radica en las condiciones para un eventual acuerdo.

Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, plantea un paquete de 15 exigencias que incluye el desmantelamiento total del programa nuclear iraní, inspecciones internacionales sin restricciones y el fin del apoyo a grupos armados en la región.

Además, exige el reconocimiento del Estado de Israel y limitaciones severas al desarrollo de misiles balísticos, a cambio del levantamiento de sanciones económicas.

En contraste, Teherán ha respondido con 10 condiciones consideradas líneas rojas: demanda el levantamiento total de sanciones, garantías de no agresión, compensaciones económicas por daños de guerra y el reconocimiento de su derecho a enriquecer uranio con fines civiles.

Uno de los puntos más sensibles es el control del estrecho de Ormuz, donde Irán busca mantener autoridad e incluso establecer tarifas de tránsito, en una vía por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.

Presión geopolítica y riesgo de estancamiento

Pakistán enfrenta una compleja posición como mediador, especialmente por sus compromisos de seguridad con Arabia Saudita. Mientras tanto, Islamabad permanece bajo un fuerte despliegue militar para resguardar las negociaciones.

Aunque algunos reportes sugieren que el diálogo podría resolverse en una jornada intensiva, la falta de consenso sobre el formato y las condiciones amenaza con prolongar las conversaciones.

El proceso también está marcado por el simbolismo: la delegación iraní llegó vestida de luto tras la muerte del ayatolá Ali Jamenei, en medio de un conflicto que ha dejado miles de víctimas, especialmente en Líbano.

Las conversaciones actuales representan el contacto más directo entre ambos países desde el acuerdo nuclear de 2015 y el nivel más alto desde la Revolución Islámica de 1979.

El desenlace sigue siendo incierto. Entre exigencias cruzadas, tensiones militares latentes y versiones contradictorias, el reto no solo es alcanzar un acuerdo, sino sostenerlo en una región donde cada concesión tiene implicaciones globales.

Fotos: X

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