El gobierno de Estados Unidos intensificó su ofensiva internacional contra el comercio petrolero vinculado a Venezuela, al incautar dos buques tanqueros en aguas internacionales, una decisión que profundiza la política de sanciones extraterritoriales impulsada por Washington y abre un nuevo frente de fricción diplomática con Rusia.
El Comando Europeo de Estados Unidos (EUCOM) informó que fuerzas estadounidenses tomaron control del buque Bella 1, bajo el argumento de violaciones a las sanciones económicas impuestas por Washington, luego de semanas de seguimiento en el Caribe y el Atlántico Norte. Posteriormente, el Departamento de Seguridad Nacional, encabezado por Kristi Noem, confirmó la incautación de un segundo petrolero, el Sophia, también relacionado con rutas hacia Venezuela.
De acuerdo con autoridades estadounidenses, ambos buques habían tenido como último destino puertos venezolanos o se dirigían hacia ellos, lo que fue utilizado como justificación para su detención, pese a que las operaciones se realizaron fuera del territorio estadounidense.
Uno de los elementos más delicados del operativo es que el Bella 1 fue rebautizado como Marinera y registrado bajo bandera rusa, lo que provocó una reacción inmediata de Moscú. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia acusó a Estados Unidos de perseguir durante días a un buque civil en aguas internacionales, señalando que la Guardia Costera estadounidense mantuvo vigilancia constante, incluso a más de 4 mil kilómetros de la costa estadounidense.
Desde la perspectiva de Washington, la operación se sostiene en una orden de un tribunal federal y en una proclamación del presidente en funciones, Donald Trump, que autoriza la intercepción de buques sancionados considerados una amenaza para la “seguridad del Hemisferio Occidental”. Bajo ese marco, el secretario de Estado, Marco Rubio, dejó claro que la política de incautaciones continuará como parte del endurecimiento del bloqueo petrolero.
No obstante, la legalidad internacional de estas acciones ha sido puesta en duda. Rusia exigió a Estados Unidos trato humano y respeto a los derechos de los tripulantes, al confirmar la presencia de ciudadanos rusos a bordo, y denunció que Washington invoca la libertad de navegación solo cuando le conviene, mientras actúa como policía global en altamar.
La escalada ocurre en un contexto de máxima presión contra el gobierno venezolano, encabezado por Nicolás Maduro, y refuerza la señal de que la administración Trump ha optado por una estrategia de fuerza, ampliando el alcance de las sanciones más allá de sus fronteras y normalizando operativos militares y policiales en aguas internacionales.
Más allá del discurso de seguridad, la incautación de estos petroleros revela un uso geopolítico del sistema de sanciones, que no solo busca asfixiar económicamente a Venezuela, sino enviar un mensaje de poder a actores como Rusia e Irán, aun a costa de tensionar el derecho marítimo internacional y erosionar los principios que Estados Unidos dice defender.
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