La administración de Donald Trump ha decidido enviar un segundo portaaviones a Oriente Medio, una medida que refuerza la presión militar estadounidense en plena etapa de contactos diplomáticos con Irán y que vuelve a poner en duda el equilibrio entre negociación y despliegue bélico en la política exterior de la Casa Blanca.
El mandatario confirmó que el nuevo grupo de ataque naval partirá en breve hacia la región, donde ya opera otro portaaviones estadounidense. Según explicó, la movilización busca preparar el escenario ante un eventual fracaso de las conversaciones sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, su decisión deja claro que la estrategia actual combina diplomacia con una fuerte demostración de poder militar, enviando señales contradictorias a la comunidad internacional.
El despliegue incluirá al USS Gerald R. Ford, considerado el portaaviones más grande del mundo, que se sumará al USS Abraham Lincoln y su escolta en el mar Arábigo. Con ello, Estados Unidos concentrará dos grupos de ataque en una de las zonas más sensibles del planeta, elevando la tensión regional.
La decisión se produce después de contactos indirectos celebrados en Mascate, Omán, donde representantes de Washington y Teherán intercambiaron mensajes a través de mediadores. Ambas partes describieron el ambiente como constructivo y manifestaron disposición a mantener el diálogo. No obstante, el refuerzo militar ordenado por Trump proyecta la imagen de que la Casa Blanca apuesta por negociar bajo presión armada, una táctica que ha generado críticas entre analistas de seguridad.
Desde enero, el mandatario ha endurecido su discurso hacia Irán, señalando que un eventual desacuerdo podría tener consecuencias graves. Paralelamente, ha mantenido conversaciones con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, insistiendo en la necesidad de mantener firme la postura frente a Teherán.
Mientras tanto, el Comando Sur de Estados Unidos aseguró que el movimiento del portaaviones no afectará la capacidad operativa en el hemisferio occidental. Aun así, el traslado del Ford desde otras zonas estratégicas marca un giro que contradice la prioridad declarada de Trump de enfocar la seguridad en América.
En un contexto regional ya frágil, con incidentes recientes en el estrecho de Ormuz y tensiones acumuladas, la decisión de duplicar la presencia naval estadounidense incrementa el riesgo de errores de cálculo. Aunque Washington sostiene que el objetivo es fortalecer su posición negociadora, el mensaje que envía es el de una administración que prefiere la demostración de fuerza como herramienta principal de presión internacional.
Foto: Redes













