El gobierno del presidente Donald Trump confirmó este viernes que las fuerzas estadounidenses atacaron una nueva embarcación en aguas internacionales del Caribe, en el marco de la operación militar denominada “Lanza del Sur”. El ataque, ocurrido el pasado 10 de noviembre, dejó como resultado la muerte de los cuatro tripulantes de la nave, según informó el Comando Sur.
Un video difundido por las autoridades muestra el “ataque cinético letal” contra la lancha, ubicada en una ruta supuestamente utilizada de manera frecuente por organizaciones criminales. Con este incidente, la cifra de muertos por la operación supera los 80 en más de una veintena de acciones desde que el operativo se iniciara en agosto pasado cerca de las costas venezolanas.
El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, bautizó la misión como “Lanza del Sur”, justificando la presencia militar en la región como un esfuerzo para combatir el narcotráfico proveniente de América Latina. Este viernes, Hegseth se reunió en el Despacho Oval con el presidente Trump y otras autoridades del Pentágono para evaluar “opciones” de acción en torno a Venezuela, incluyendo posibles escaladas de los ataques, según fuentes citadas por el Washington Post.
El gobierno venezolano reaccionó de inmediato, condenando la operación y calificándola de “pretexto para intervención” en asuntos internos del país.
Desde agosto, Estados Unidos ha desplegado una importante fuerza militar en el Caribe bajo el marco de la operación. Entre los recursos involucrados se incluyen el portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford, con más de 4.000 marineros y decenas de aeronaves; un grupo anfibio con más de 2.200 marines de la 22ª Unidad Expedicionaria a bordo del USS Iwo Jima, USS San Antonio y USS Fort Lauderdale; destructores lanzamisiles, un crucero con misiles guiados, un submarino de ataque nuclear, aviones F‑35, drones de reconocimiento y 150 tropas de operaciones especiales embarcadas en el buque MV Ocean Trader.
La operación “Lanza del Sur” marca un incremento significativo de la presencia militar estadounidense en el Caribe, con un enfoque explícito en la interdicción de narcóticos y la presión sobre el gobierno venezolano, en un contexto de tensiones crecientes en la región.
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