Desde el triunfo de la Revolución cubana en 1959, la relación entre Estados Unidos y Cuba ha estado definida por la confrontación política, la presión económica y una larga cadena de sanciones. A lo largo de más de seis décadas, Washington ha oscilado entre la hostilidad abierta, el aislamiento diplomático y breves intentos de normalización, sin que hasta ahora se haya desmontado el núcleo del conflicto: el embargo económico.
Esta es una revisión de los momentos clave que han marcado la política de Estados Unidos hacia Cuba revolucionaria, desde la Guerra Fría hasta el presente.
De Kennedy y la Guerra Fría al embargo total
El punto de quiebre ocurre a inicios de la década de 1960. En enero de 1961, Estados Unidos rompe relaciones diplomáticas con Cuba, y en abril de ese mismo año impulsa la invasión de Bahía de Cochinos, una operación militar fallida que buscaba derrocar al gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro. El fracaso de la invasión fortaleció al nuevo régimen y aceleró su alineación con la Unión Soviética.
Un año después, en octubre de 1962, el mundo vive uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría: la Crisis de los Misiles. La instalación de misiles soviéticos en territorio cubano provoca un enfrentamiento directo entre Washington y Moscú, que coloca al planeta al borde de una guerra nuclear. Aunque el conflicto se resuelve mediante un acuerdo entre Estados Unidos y la URSS, Cuba queda consolidada como un actor central del enfrentamiento bipolar.
En ese contexto, en 1962, el presidente John F. Kennedy decreta el embargo comercial total contra Cuba. La medida prohíbe prácticamente todo intercambio económico con la isla y se convierte en el eje de la política estadounidense durante las siguientes décadas. Aunque en sus primeros años el embargo se implementa mediante órdenes ejecutivas, con el tiempo se transforma en un entramado legal y administrativo cada vez más complejo.
Helms-Burton: el embargo convertido en ley y su impacto global
Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, Cuba entra en una profunda crisis económica conocida como el “Periodo Especial”. Lejos de flexibilizar su postura, Estados Unidos endurece su política. En 1996, el Congreso aprueba la Ley Helms-Burton, que marca un antes y un después en la relación bilateral.
Esta legislación tiene dos efectos centrales. Primero, codifica el embargo en la ley estadounidense, lo que impide que un presidente pueda levantarlo de manera unilateral. Segundo, introduce un carácter extraterritorial al conflicto, al permitir demandas en tribunales de Estados Unidos contra empresas extranjeras que operen en propiedades nacionalizadas tras la Revolución.
Durante más de dos décadas, una parte clave de esta ley —el llamado Título III— permaneció suspendida por decisión presidencial. Sin embargo, en 2019, la primera administración de Donald Trump lo activa plenamente, lo que provoca una nueva oleada de tensiones diplomáticas y un aumento del riesgo legal para inversionistas y gobiernos de terceros países.
Desde entonces, el embargo deja de ser sólo una herramienta bilateral y se convierte en un factor de presión internacional que impacta directamente en el comercio, la inversión y las finanzas de Cuba.
Del deshielo de Obama al endurecimiento actual
El giro más significativo del siglo XXI ocurre durante la presidencia de Barack Obama. Entre 2014 y 2016, Washington y La Habana anuncian el restablecimiento de relaciones diplomáticas, reabren embajadas y amplían los viajes, las remesas y los intercambios culturales. Obama se convierte en el primer presidente estadounidense en visitar Cuba en casi 90 años.
No obstante, el embargo permanece intacto, ya que su levantamiento depende del Congreso. El proceso de normalización queda inconcluso y es revertido parcialmente con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2017. Su administración restablece restricciones a los viajes, refuerza sanciones financieras y reactiva la aplicación plena de la Ley Helms-Burton.
En enero de 2021, Estados Unidos designa nuevamente a Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo, una categoría que endurece aún más las restricciones financieras internacionales. Aunque el gobierno de Joe Biden introduce algunas flexibilizaciones limitadas en materia de remesas y viajes, mantiene intacta la arquitectura central de sanciones.
En 2024, Washington retira a Cuba de una lista secundaria de países que no cooperan plenamente en materia antiterrorista, pero sin modificar la designación principal. En 2025, un intento de retirar a Cuba de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo es revertido tras el cambio de administración en Estados Unidos, devolviendo la relación al terreno de máxima presión.
Hasta el presente, la política estadounidense hacia Cuba sigue marcada por sanciones, restricciones financieras y una relación diplomática limitada, con espacios puntuales de cooperación en temas como migración y seguridad. Más de seis décadas después del inicio del embargo, la relación bilateral continúa atrapada entre la inercia legal, la confrontación ideológica y los vaivenes políticos internos de Washington.











