Emiratos Árabes Unidos informó que los drones que atacaron la central nuclear de Barakah procedían de Irak, en un hecho que elevó las alertas sobre la seguridad de infraestructura estratégica en Medio Oriente. De acuerdo con el Ministerio de Defensa emiratí, el ataque probablemente fue lanzado por milicias chiíes iraquíes respaldadas por Irán, aunque hasta el momento ningún grupo se ha atribuido la acción.
El incidente ocurrió el 17 de mayo en la planta ubicada en el emirato de Abu Dabi y provocó un incendio tras el impacto de un dron contra un generador en el perímetro de la instalación. Las autoridades reportaron que no hubo personas heridas ni liberación radiológica, por lo que los niveles de seguridad nuclear no habrían sido afectados directamente por el ataque.
Pese a ello, el caso encendió preocupaciones internacionales por el riesgo que implica atacar instalaciones nucleares en operación. Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica, advirtió ante el Consejo de Seguridad de la ONU sobre la gravedad de esta tendencia, al señalar que un impacto directo contra Barakah podría generar una alta liberación de radioactividad al ambiente.
El ataque se produce en medio de una creciente tensión regional, marcada por la guerra contra Irán y el uso de drones y misiles contra países del golfo Pérsico. Emiratos Árabes Unidos ha acusado recientemente a Teherán de mantener ataques incluso después del alto el fuego con Estados Unidos, mientras Washington conserva un bloqueo naval sobre puertos iraníes.
La presión también se concentra en el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el comercio energético mundial. Aunque el tránsito marítimo se duplicó la semana pasada, todavía permanece muy por debajo de los niveles previos a la guerra, mientras el Comando Central de Estados Unidos reportó 89 buques detenidos desde el inicio del bloqueo a mediados de abril.
El caso de Barakah muestra cómo la guerra regional ha comenzado a impactar zonas sensibles más allá del frente directo de combate. La posibilidad de que milicias aliadas de Irán operen desde Irak contra instalaciones críticas del Golfo aumenta el riesgo de una escalada, especialmente cuando están involucradas plantas nucleares, rutas petroleras y actores militares internacionales.
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