Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra 12 personas y entidades presuntamente vinculadas con Irán, a las que acusa de facilitar la venta y el envío de petróleo iraní hacia China. La medida fue informada este lunes por el Departamento del Tesoro, pocos días antes de la visita prevista del presidente Donald Trump a Pekín, en un contexto marcado por tensiones diplomáticas, energéticas y de seguridad en torno a Teherán.
De acuerdo con el comunicado oficial, las sanciones fueron aplicadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros, conocida como OFAC, contra integrantes de los Guardianes de la Revolución, empresas ubicadas en Dubái y compañías con operaciones en Hong Kong. Washington sostiene que estas redes habrían contribuido a mantener flujos de ingresos para Irán mediante la comercialización y transporte de crudo hacia el mercado chino.
El Departamento del Tesoro señaló que estas acciones forman parte de la llamada “Operación Furia Económica”, una estrategia con la que Estados Unidos busca reducir las fuentes de financiamiento del gobierno iraní. Según la administración estadounidense, los recursos obtenidos mediante estas operaciones petroleras podrían estar vinculados con programas de armamento, actividades nucleares y apoyo a grupos aliados de Teherán en distintas regiones.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, sostuvo que Washington continuará restringiendo el acceso de Irán a redes financieras internacionales, al considerar que estas estructuras son utilizadas para sostener actividades que Estados Unidos califica como desestabilizadoras. La inclusión en la lista negra implica el bloqueo de activos bajo jurisdicción estadounidense y limita la capacidad de las personas o empresas sancionadas para operar con el sistema financiero de ese país.
Las sanciones se producen en un momento sensible para la relación entre Estados Unidos, Irán y China, debido al peso del petróleo iraní en los mercados asiáticos y al papel de Pekín como comprador estratégico de crudo. Aunque China no fue sancionada directamente en esta acción, la medida envía una señal política antes del encuentro entre Trump y autoridades chinas, en medio de negociaciones más amplias sobre comercio, seguridad y energía.
Con esta decisión, Estados Unidos busca incrementar la presión económica sobre Teherán y limitar sus ingresos petroleros, mientras el conflicto regional y las disputas por el programa nuclear iraní mantienen abierta la tensión internacional. La medida también refleja el uso de sanciones financieras como herramienta central de la política exterior estadounidense frente a Irán, especialmente cuando existen redes comerciales que operan fuera de sus canales tradicionales de supervisión.
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