Europa resiste presión de Trump para escalar guerra contra Irán y evita involucrarse en conflicto

Europa rechaza sumarse a la escalada militar impulsada por Washington y busca alternativas diplomáticas ante el conflicto con Irán.

La creciente presión de Estados Unidos para ampliar la guerra contra Irán ha profundizado las divisiones dentro de la OTAN, evidenciando el aislamiento internacional del presidente Donald Trump frente a sus propios aliados europeos.

A tres semanas del ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán —que derivó en el cierre del estratégico estrecho de Ormuz—, los precios del petróleo se han disparado cerca de un 50%, impactando directamente en la economía global y en el costo de bienes esenciales.

En este contexto, Washington ha exigido a sus aliados europeos enviar dragaminas y fuerzas navales especializadas para intervenir en la zona. Trump incluso advirtió que la continuidad de la OTAN dependería del respaldo a su estrategia, afirmando que los países beneficiados por el tránsito energético deben asumir responsabilidades militares.

Sin embargo, las principales potencias europeas han rechazado involucrarse en una escalada bélica directa. Desde Londres, el primer ministro Keir Starmer sostuvo que su país no participará en una guerra sin base legal ni estrategia clara, postura que fue descalificada por Trump como “terrible”.

En Alemania, el canciller Friedrich Merz fue contundente al señalar que “la OTAN es una alianza defensiva, no de intervención”, mientras que el ministro de Defensa Boris Pistorius remarcó: “Esta no es nuestra guerra; nosotros no la empezamos”. Estas declaraciones reflejan el intento europeo por evitar que sus prioridades de seguridad queden subordinadas a la agenda militar estadounidense.

Por su parte, Francia ha planteado una participación limitada y condicionada, centrada únicamente en misiones de escolta tras un eventual cese de hostilidades, lo que contrasta con la exigencia de intervención inmediata impulsada por Washington.

Además del riesgo militar, los países europeos temen convertirse en blancos directos de Irán si se suman al conflicto, lo que elevaría los costos humanos y materiales. A esto se suma que expertos advierten que la remoción de minas en el estrecho de Ormuz —en medio de enfrentamientos— sería prácticamente una misión suicida.

El malestar también se hizo evidente en la Unión Europea. El canciller de Luxemburgo, Xavier Bettel, calificó las presiones de Trump como “chantaje”, subrayando la falta de base legal para activar mecanismos de defensa colectiva de la OTAN. Asimismo, la propuesta de ampliar operaciones navales defensivas fue descartada por los Estados miembros al considerar que no debe transformarse en una acción ofensiva.

Frente a este escenario, algunas capitales europeas han comenzado a explorar canales diplomáticos directos con Teherán, buscando garantizar el tránsito seguro de buques sin escalar el conflicto. No obstante, estas iniciativas enfrentan divisiones internas y el temor a represalias políticas de Washington.

En paralelo, la presión interna también limita a los gobiernos europeos. Encuestas en Reino Unido indican que el 59% de la población rechaza los ataques contra Irán, mientras una mayoría prefiere mantener la neutralidad, recordando los costos políticos y sociales de intervenciones pasadas como la guerra de Irak.

Europa enfrenta así una doble tensión: contener el impacto económico de la crisis energética y evitar una guerra que podría desestabilizar aún más la región, en un momento en que la vía diplomática aparece como la principal alternativa frente a la escalada militar.

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Fotografía: Redes

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