La tensión en Medio Oriente aumentó luego de que los gobiernos de Francia, Reino Unido y Grecia ordenaran el despliegue de recursos militares hacia el Mediterráneo oriental y el Golfo Pérsico, tras el ataque iraní contra la base británica en Akrotiri, Chipre. Las movilizaciones incluyen fragatas, helicópteros, cazas F-16, aviones Rafale y sistemas de defensa antimisiles y antidrones, además de refuerzos en los Emiratos Árabes Unidos.
La decisión se produce después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, anunciara su intención de fortalecer el arsenal nuclear de su país y advirtiera que estaría dispuesto a responder ante cualquier agresión directa atribuida a Irán. El posicionamiento francés marcó una postura de firmeza frente al riesgo de una confrontación mayor en la región.
El ataque del 2 de marzo generó malestar en París y Londres, las dos potencias nucleares europeas. El primer ministro británico, Keir Starmer, informó sobre el envío de helicópteros con capacidad antidrones a Chipre y el despliegue del destructor HMS Dragon para reforzar la seguridad. En paralelo, Francia movilizó cazas Rafale para proteger el espacio aéreo en Emiratos Árabes Unidos y ofreció apoyo naval y sistemas antimisiles a Chipre. El canciller francés, Jean-Noël Barrot, sostuvo que su país está preparado para respaldar a sus socios si la situación lo exige.
Grecia también anunció el envío de hasta cuatro F-16 y dos fragatas equipadas con tecnología de interferencia antidrones hacia Chipre, al considerar que la cercanía geográfica podría representar un riesgo directo. En el plano diplomático, la Unión Europea evaluará activar su cláusula de defensa, mientras que Portugal, a través de su canciller Paulo Rangel, autorizó a Estados Unidos el uso de la base aérea de Lajes, a diferencia de España. El despliegue conjunto refleja el nivel de alerta europeo ante una posible escalada con Irán.
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