Las masivas movilizaciones de trabajadores en Buenos Aires obligaron al Senado argentino a postergar el debate de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, una iniciativa ampliamente rechazada por sindicatos y sectores de la oposición por considerar que recorta derechos históricos.
Miles de personas, convocadas por la Confederación General del Trabajo (CGT), se concentraron en la Plaza de Mayo para manifestarse contra la llamada “Ley de Modernización Laboral”, que plantea limitaciones al derecho de huelga, reducción de indemnizaciones y jornadas laborales más extensas.
Ante la presión social y la falta de votos, el Senado decidió aplazar la discusión hasta febrero de 2026, lo que representa un revés político para el oficialismo, que buscaba aprobar la reforma de manera acelerada antes de finalizar el año.
Desde la CGT, su secretario general Jorge Sola calificó la iniciativa como “un ataque al trabajo y a la libertad”, mientras que el gobernador bonaerense Axel Kicillof sostuvo que el proyecto no contiene beneficios para las y los trabajadores. En contraste, el gobierno defiende la reforma como un mecanismo para “dinamizar” el empleo, argumento que los sindicatos rechazan por considerar que favorece a los sectores empresariales.
Aunque el tratamiento legislativo fue postergado, el proyecto no fue retirado. La oposición y las centrales obreras advierten que mantendrán la movilización social para impedir cualquier reforma que implique precarización laboral o debilitamiento de la organización sindical.
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Fotografía: CLACSO













