Maricarmen Abascal, la mujer de 88 años que se convirtió en símbolo de la lucha por el derecho a una vivienda digna en España, murió este miércoles en un hospital de Madrid, días después de ser desalojada del departamento donde vivió durante siete décadas.
Abascal permanecía internada en el Hospital Gregorio Marañón desde el 23 de septiembre, cuando agentes policiales participaron en el desahucio de su vivienda en el barrio del Retiro. Durante el operativo, activistas del Sindicato de Inquilinas intentaron impedir el lanzamiento y denunciaron el uso de gases lacrimógenos y porras.
La mujer, cuya salud ya era delicada, permaneció hospitalizada desde aquel día. Su muerte provocó una ola de indignación entre organizaciones de vivienda, sindicatos y sectores de la izquierda española, que cuestionaron las condiciones que llevaron a una adulta mayor a perder su hogar.
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, expresó sus condolencias a la familia y a quienes acompañaron la lucha de Abascal: “Todo mi cariño a la familia y a los seres queridos de Maricarmen”.
Una vida marcada por el derecho a la vivienda
Maricarmen había vivido durante décadas en el mismo inmueble gracias a un contrato de alquiler que originalmente firmó su padre. Sin embargo, un fallo judicial de 2020 determinó que el acuerdo había terminado después de dos subrogaciones, lo que abrió la puerta a un incremento considerable de la renta.
Su pensión rondaba los mil 400 euros mensuales y el alquiler representaba una parte importante de sus ingresos. Tras negociaciones con los propietarios, la renta quedó en mil 600 euros, una cantidad que continuó resultando difícil de cubrir.
Después de años de litigio, los tribunales respaldaron a los nuevos propietarios y ordenaron su desalojo.
El Sindicato de Inquilinas lamentó que un acuerdo alcanzado posteriormente para permitirle regresar a su hogar llegara demasiado tarde. “Esta solución ha llegado demasiado tarde”, señaló la organización.
En sus últimos días, Abascal envió un mensaje desde el hospital a quienes mantenían una acampada en la Puerta del Sol para exigir políticas de vivienda. Les pidió continuar la lucha y defender sus derechos.
Tras conocerse su muerte, manifestantes guardaron un minuto de silencio, encendieron veladoras y colocaron flores en su memoria. Más tarde, un grupo marchó hacia el Congreso de los Diputados para protestar contra las fuerzas de derecha y ultraderecha que rechazaron medidas de vivienda impulsadas días antes.
La muerte de Abascal ocurre mientras los principales sindicatos españoles anunciaron una huelga general para el 11 de noviembre en respaldo de las demandas por una vivienda digna.
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