El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó este lunes una resolución presentada por Estados Unidos y basada en el plan de 20 puntos del presidente Donald Trump para Gaza, una propuesta que reorganiza la gobernanza del enclave palestino, impulsa la presencia de una fuerza internacional de seguridad hasta 2027 y coloca a la propia Casa Blanca en el centro de la futura reestructuración política del territorio.
El texto obtuvo 13 votos a favor, mientras que Rusia y China se abstuvieron en señal de desacuerdo. La sesión estuvo marcada por la ausencia de representantes palestinos, mientras que la delegación israelí participó activamente y respaldó la iniciativa. Funcionarios estadounidenses defendieron la resolución como una ruta para impedir la rearticulación de Hamas y para abrir paso a inversiones y reformas institucionales en Gaza. Sin embargo, organizaciones palestinas y ambas potencias en desacuerdo, señalaron que el plan impone un mecanismo de tutela internacional que desplaza a la población palestina de las decisiones sobre su propio futuro.

¿En qué consiste el Plan Trump para Gaza?
El llamado Plan Integral para Poner Fin al Conflicto de Gaza, elaborado por la administración Trump, establece un esquema de seguridad, gobernanza transitoria y reestructuración territorial basado en 20 puntos. Entre sus elementos centrales, se contempla:
- Alto el fuego inmediato, liberación de rehenes y repliegue gradual del ejército israelí.
- Desmilitarización completa de Gaza, desarme de Hamas y eliminación de infraestructura militar bajo supervisión internacional.
- Creación de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) con 20.000 efectivos responsables de asegurar fronteras, capacitar a una nueva policía palestina y custodiar corredores humanitarios.
- Establecimiento de la “Junta de la Paz”, un organismo internacional encabezado por Donald Trump, que supervisará la gobernanza transitoria y administrará Gaza mediante un comité tecnocrático palestino.
- Plan económico y zona de desarrollo especial, financiado por un fondo fiduciario respaldado por el Banco Mundial.
- Participación condicionada de la Autoridad Palestina, a la que se le exigirá implementar una serie de reformas antes de asumir el control civil del enclave.
- Posible creación de un Estado palestino, sujeta al cumplimiento de reformas, a la estabilidad de Gaza y a la verificación de que el territorio sea una “zona libre de terrorismo”.
El plan combina seguridad militar, reestructuración económica y gobernanza tutelada, elementos que críticos describen como un modelo de administración externa más cercano a una ocupación internacional que a un proceso de autodeterminación palestina.
Falta de claridad en derechos políticos de Palestina
Tanto Rusia como China se abstuvieron en la votación, aunque por motivos coincidentes: ambos países denunciaron que el documento carece de claridad sobre la etapa de posguerra y minimiza el papel de Palestina en la futura gobernanza del enclave.
El embajador ruso cuestionó que la resolución delegue amplias facultades a la Junta de la Paz y a la fuerza internacional, sin detallar su composición, límites operativos ni mecanismos de supervisión. También advirtió que la propuesta deja en manos de actores externos decisiones que deberían corresponder a las autoridades palestinas, lo que, en su opinión, reproduce lógicas coloniales y abre la puerta a abusos de mandato.
Por su parte, el gobierno chino señaló que el texto es “impreciso” respecto a los derechos políticos de Palestina, particularmente en lo relativo a la transición hacia un Estado propio. La vocería diplomática argumentó que el plan no prioriza la solución de dos Estados ni garantiza suficiente representación palestina en la administración de Gaza, y añadió que cualquier avance real debe tener como base la soberanía y autodeterminación del pueblo palestino.
Ambas potencias coincidieron en que el proceso se llevó a cabo con rapidez y sin consultas amplias, lo que debilitó su legitimidad.

Conveniencia israelí y rechazo palestino
El gobierno israelí celebró la aprobación y afirmó que el plan “favorece la paz y la integración regional”, destacando la desmilitarización y la supervisión internacional como pilares para “estabilizar” Gaza.
Hamas, en contraste, rechazó el texto de manera frontal. La organización afirmó que la resolución no atiende las demandas políticas ni humanitarias del pueblo palestino y denunció que la fuerza internacional sería un actor parcial que operaría a favor de los intereses de Israel. También insistió en que cualquier discusión sobre el desarme debe ser un asunto interno palestino vinculado a un proceso político que garantice el fin de la ocupación.
Otras facciones palestinas coincidieron en señalar que el desarme forzado, la presencia militar internacional y la creación de órganos tutelados representan una violación del derecho a la autodeterminación. En medio de este escenario fragmentado, la ONU reconoció que la resolución podría ayudar a consolidar el alto el fuego, aunque advirtió que su impacto dependerá de su implementación y del respeto de todas las partes involucradas.
Fotografías: Redes













