Altos funcionarios del Pentágono habrían evaluado durante las últimas semanas distintas opciones militares contra Cuba, entre ellas un eventual asalto aéreo con miles de soldados estadounidenses, de acuerdo con un reporte de CBS News. Las discusiones representarían una nueva escalada en la política de presión de Washington contra la isla, aunque hasta ahora no existe una orden presidencial para ejecutar alguna operación.
Según funcionarios estadounidenses citados por la cadena, uno de los escenarios contempla la participación de la 101.ª División Aerotransportada, unidad especializada en operaciones de asalto aéreo. El análisis interno no significa que el presidente Donald Trump o el Departamento de Defensa hayan autorizado una acción, pero revela que la posibilidad de una intervención militar forma parte de las alternativas consideradas por la estructura de seguridad estadounidense.
El Pentágono evitó confirmar o desmentir el reporte. Su secretario de prensa interino, Joel Valdez, se limitó a señalar que la dependencia no comenta operaciones hipotéticas. El silencio oficial contrasta con la gravedad de estudiar un despliegue militar sobre un país soberano, especialmente cuando las Fuerzas Armadas estadounidenses ya mantienen operaciones y compromisos en otros escenarios internacionales.
Washington combina discursos diplomáticos con amenazas militares
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha afirmado que prefiere una salida diplomática para promover una transición política en Cuba. Sin embargo, esa postura convive con planes militares, sanciones y advertencias abiertas contra La Habana, una contradicción que vuelve a colocar la amenaza de la fuerza como herramienta de política exterior estadounidense en el Caribe.
CBS indicó que funcionarios de EE.UU. mantienen supuestas preocupaciones por la adquisición cubana de drones cuyo origen no ha sido identificado públicamente. En junio, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, visitó la base estadounidense en la Bahía de Guantánamo y advirtió que Cuba no debería obtener armamento capaz de alcanzar esas instalaciones o territorio de Estados Unidos.
El canciller cubano Bruno Rodríguez había alertado desde mayo que una agresión contra la isla podría provocar una catástrofe humanitaria y la muerte de ciudadanos cubanos y estadounidenses. Mientras Washington asegura privilegiar la diplomacia, la evaluación de un asalto aéreo expone nuevamente una política marcada por la intimidación, la presión militar y la posibilidad de llevar otra guerra a territorio latinoamericano.
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