Donald Trump volvió a colocar a México en el centro de su discurso de presión política al advertir que su gobierno se concentrará ahora en las drogas que, según él, ingresan a Estados Unidos por vía terrestre. El mandatario estadounidense vinculó nuevamente seguridad, comercio y frontera para justificar una postura más agresiva contra México, mientras mantiene abierta la posibilidad de no renovar el T-MEC.
Desde la Casa Blanca, Trump aseguró que las operaciones contra el tráfico marítimo de drogas habrían reducido de forma considerable ese flujo y que ahora su administración pondrá atención en la frontera terrestre. El mensaje ocurre después de ataques estadounidenses contra presuntas embarcaciones vinculadas al narcotráfico, una estrategia que Washington presenta como combate criminal, pero que también refuerza su narrativa de fuerza unilateral.
El presidente estadounidense también puso en duda la continuidad del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, vigente desde 2020 y clave para la integración económica de América del Norte. Trump afirmó que Estados Unidos podría estar mejor sin el acuerdo, pese a que el T-MEC sostiene cadenas productivas compartidas, inversiones regionales y sectores estratégicos como el automotriz, agrícola y manufacturero.
En sus declaraciones, Trump sostuvo que Estados Unidos no necesita productos de México ni de Canadá, mientras acusó a ambos países de beneficiarse del mercado estadounidense. El discurso revive una lógica de subordinación comercial, en la que Washington utiliza el tratado no solo como instrumento económico, sino como mecanismo de presión política contra sus socios.
La postura del republicano se produce mientras México y Canadá han defendido la continuidad del tratado para dar certidumbre a las inversiones y a las cadenas de suministro. Sin embargo, Trump vuelve a convertir la negociación comercial en un campo de confrontación, mezclando migración, drogas y comercio para elevar el costo político de cualquier acuerdo.
Más allá del tono negociador, las declaraciones muestran una estrategia recurrente de Trump: presentar a México como problema y a Estados Unidos como víctima, aun cuando la economía regional depende de una integración profunda entre los tres países. Al poner en duda el T-MEC y anunciar un nuevo foco contra las drogas que cruzan por tierra, Trump vuelve a usar a México como blanco político para alimentar su narrativa de control, castigo y superioridad.
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