La violencia contra las mujeres sigue siendo una emergencia global prácticamente estancada. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que alrededor de 840 millones de mujeres —casi una de cada tres en el mundo— han sufrido violencia sexual o de pareja a lo largo de su vida. Pese a dos décadas de campañas internacionales, el avance para reducir estas agresiones es mínimo: la violencia ejercida por la pareja apenas ha disminuido un 0.2% anual desde el año 2000.
El reporte también revela una dimensión que había sido subdocumentada: la violencia sexual cometida por personas ajenas a la relación íntima. Según el análisis, 263 millones de mujeres mayores de 15 años han sido víctimas de este tipo de agresión. Expertos de la OMS señalan que esta cifra está profundamente subestimada debido al miedo, el estigma y la falta de datos completos en muchos países.

En el último año, 316 millones de mujeres fueron violentadas físicamente o sexualmente por su pareja. El informe muestra que el problema inicia temprano: 12.5 millones de adolescentes entre 15 y 19 años sufrieron violencia en ese mismo periodo. Mientras tanto, la inversión global para combatir esta crisis se desploma. La OMS denunció que solo 0.2% de la ayuda mundial al desarrollo se destinó en 2022 a programas para prevenir la violencia de género, una tendencia que se mantiene a la baja.
La magnitud del problema varía entre regiones, aunque ninguna está libre. Las tasas más altas se registran en Oceanía insular, el sur de Asia y el África Subsahariana, donde más del 31% de las mujeres han sido víctimas dentro de la pareja. En América Latina, la prevalencia promedio de la violencia de pareja ronda el 23.5%, con países como Bolivia, Argentina y Costa Rica por encima de la media regional.
Representantes de la OMS subrayaron que la violencia contra las mujeres es un fenómeno estructural que se agudiza por factores como la pobreza, las crisis humanitarias y el cambio climático, que generan desplazamientos y colapsan servicios esenciales, aumentando la vulnerabilidad femenina. La agencia instó a los gobiernos a adoptar políticas de prevención, sistemas de atención integral y marcos legales más sólidos, pero advirtió que sin financiamiento sostenido, la situación no podrá revertirse.
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