El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, afirmó que las conversaciones entre La Habana y Washington no registran avances, en medio de un nuevo periodo de tensión bilateral marcado por sanciones, bloqueo energético y acusaciones de agresión por parte del gobierno estadunidense. Pese al estancamiento, el jefe de la diplomacia cubana reiteró que la isla mantiene disposición al diálogo y a la solución pacífica de sus diferencias.
Durante una conferencia de prensa en La Habana, Rodríguez explicó que Cuba no ve progresos reales en los contactos diplomáticos con Estados Unidos, aunque aseguró que su gobierno continuará apostando por canales de conversación. Sin embargo, advirtió que la conducta de Washington debe evaluarse por sus hechos, particularmente por las medidas de presión económica y política que, dijo, se han intensificado contra la isla.
El señalamiento ocurre en un contexto de creciente endurecimiento de la política estadunidense hacia Cuba, luego de nuevas sanciones contra entidades y dirigentes cubanos, así como restricciones vinculadas al suministro de petróleo. Para La Habana, estas acciones forman parte de un cerco que agrava la situación económica y energética del país, mientras Washington mantiene un discurso de presión bajo argumentos de seguridad nacional.
Rodríguez también informó que Cuba solicitó un debate ante la Asamblea General de la ONU para el próximo 7 de julio, con el objetivo de denunciar las medidas adoptadas por Estados Unidos. El canciller sostuvo que la situación requiere atención urgente, al considerar que la ofensiva estadunidense ya está en curso y combina sanciones, amenazas y presiones diplomáticas contra terceros países.
De acuerdo con el funcionario, Washington habría buscado presionar a diplomáticos y representantes de otros gobiernos para evitar o retrasar el debate solicitado por Cuba. La denuncia apunta a una estrategia de aislamiento internacional contra la isla, en momentos en que el gobierno de Donald Trump ha elevado el tono contra La Habana y ha insistido en presentarla como una amenaza extraordinaria para la seguridad estadunidense.
Aunque ambos gobiernos mantienen contactos discretos, el diálogo bilateral sigue empantanado por una política de fuerza que Estados Unidos no abandona. Cuba insiste en negociar sin renunciar a su soberanía, mientras la Casa Blanca profundiza medidas que, lejos de abrir una salida diplomática, mantienen viva una confrontación histórica con impactos directos sobre la población cubana.
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