El Departamento de Justicia de Estados Unidos solicitó aplazar la audiencia de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Nueva York, originalmente prevista para el 30 de junio, debido a complicaciones logísticas y de seguridad relacionadas con el Mundial 2026. La fiscalía pidió mover la comparecencia al 22 de julio, después de que concluya el torneo internacional.
De acuerdo con la solicitud presentada ante el juez Alvin Hellerstein, del Distrito Sur de Nueva York, la fecha inicial coincidía con un partido de dieciseisavos de final en el área metropolitana. El argumento de Washington fue que el operativo mundialista complicaría el traslado y resguardo de los acusados, en un caso de alta tensión política y diplomática.
La audiencia podría definir si el proceso avanza hacia una nueva etapa judicial. Maduro y Cilia Flores se declararon no culpables de los cargos que enfrentan en Estados Unidos, entre ellos acusaciones relacionadas con narcoterrorismo, tráfico de drogas y posesión de armas, según documentos y reportes judiciales del caso.
El aplazamiento también exhibe una contradicción incómoda para Estados Unidos: la misma justicia que presume fuerza contra gobiernos considerados adversarios ahora pide tiempo por el calendario futbolero. El caso, marcado desde el inicio por la captura y traslado de Maduro a territorio estadounidense, ha sido cuestionado por sus implicaciones legales, diplomáticas y geopolíticas.
La defensa ha adelantado que buscará impugnar la legalidad de la detención y traslado de Maduro, además de discutir condiciones relacionadas con el financiamiento de su representación legal. El proceso no sólo se juega en tribunales, sino también en el terreno político, donde Washington intenta presentar el caso como una cruzada judicial mientras enfrenta críticas por su intervención directa en Venezuela.
Aunque la fiscalía insiste en razones operativas, el episodio deja una imagen difícil de ignorar: Estados Unidos mueve una audiencia de alto perfil internacional porque el Mundial absorbe recursos de seguridad. En medio de acusaciones graves, tensiones diplomáticas y un expediente explosivo, la justicia estadounidense también terminó condicionada por el espectáculo deportivo.
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