La sobrextracción de agua subterránea en la zona Puebla-Tlaxcala ha puesto a la región al borde de una crisis ambiental sin precedentes, advirtió el investigador Pedro Francisco Rodríguez Espinosa, del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Según explicó, el socavón de Santa María Zacatepec, que apareció en mayo de 2021 en el municipio de Juan C. Bonilla, es una manifestación visible del deterioro profundo de los acuíferos.
Rodríguez Espinosa, quien dirige el Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Ciiemad), explicó durante una conferencia en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla que gran parte del agua extraída en la región proviene de reservas fósiles con más de 35 mil años de antigüedad, es decir, de recursos prácticamente no renovables. Según detalló, los análisis en diversos pozos del valle de Puebla revelaron la presencia de “aguas antiguas” atrapadas desde épocas glaciares, lo que evidencia que el consumo actual supera ampliamente la capacidad natural de recarga del acuífero.
El especialista destacó que el fenómeno del socavón no responde a causas kársticas tradicionales, sino a un nuevo tipo de colapso en suelos volcánicos. La extracción excesiva del nivel freático habría provocado vacíos subterráneos en depósitos de cenizas jóvenes, debilitando el terreno hasta causar el hundimiento. Estudios recientes muestran que entre 2005 y 2020, el nivel estático del agua descendió de 12 a casi 19 metros, un diferencial que calificó como crítico.
El investigador relacionó este proceso con una tendencia global de agotamiento de aguas subterráneas, conocida como peak groundwater. Señaló que, aunque los modelos mundiales pronosticaban este punto hacia mediados del siglo XXI, ya se ha alcanzado en más de 20 cuencas del planeta, con consecuencias irreversibles si no se modifican las políticas de extracción.
El equipo del IPN también identificó indicadores de estrés hidrogeoquímico en la región. En perforaciones profundas, encontraron altas concentraciones de boro en la ciudad de Puebla, lo que sugiere aportes geotermales desde capas internas de la corteza que alteran la composición del agua. Esto, explicó Rodríguez, es una señal de desequilibrio en el sistema hídrico, agravado por la explotación indiscriminada.
Además, se documentó un patrón nocturno de contaminación industrial en el río Atoyac, con picos de actividad alrededor de las 11 de la noche. Gracias a una red de monitoreo en tiempo real reconocida por la ONU, el grupo científico identificó compuestos provenientes de la industria textil y halló rastros de tierras raras en la sangre de aves y en plantas acuáticas, evidencia del impacto ecológico acumulado.
Rodríguez Espinosa insistió en que la sustentabilidad hídrica no puede depender de ciclos políticos, sino de una verdadera gobernanza con transparencia, control social y reingeniería industrial. Subrayó que la regeneración total del agua es posible, pero requiere voluntad pública y reglas estrictas de extracción, especialmente en el acuífero poblano, considerado la última reserva de agua potable de la región.
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