Belém, ciudad enclavada en la Amazonía brasileña, se convirtió en el corazón del debate global sobre la emergencia climática con la apertura de la COP30. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, inauguró el encuentro con un llamado a la acción y advirtió que el planeta no soporta más un modelo de desarrollo basado en los combustibles fósiles. Enfatizó que las decisiones sobre el sector energético determinarán el éxito o el fracaso en la batalla contra el cambio climático.
Lula presentó la COP30 como una “cumbre de la implementación”, destinada a convertir las promesas del Acuerdo de París en resultados concretos. Recordó que, una década después de aquel pacto, las emisiones globales siguen en aumento y la participación de los combustibles fósiles apenas ha disminuido.
El mandatario también denunció la desinformación impulsada por grupos extremistas que, a su juicio, niegan la crisis ambiental con fines electorales. Según él, esa estrategia obstaculiza la acción global y perpetúa la desigualdad y la degradación ambiental.

Fondo verde y transición justa
Durante su intervención, Lula da Silva planteó una hoja de ruta centrada en tres ejes: la transición energética, la justicia climática y la protección de los bosques tropicales.
Entre sus propuestas destaca la creación de un fondo nacional que canalice los beneficios del petróleo y el gas hacia energías limpias, en una apuesta por una transición justa y ordenada. El mandatario defendió que los recursos provenientes de los hidrocarburos pueden ser un puente financiero hacia un futuro descarbonizado, especialmente en los países en desarrollo.
Asimismo, presentó el Tropical Forests Forever Facility, un mecanismo internacional destinado a recompensar a los países que mantengan sus bosques tropicales en pie. Este fondo busca ofrecer incentivos sostenibles más allá de las donaciones tradicionales, al vincular inversión pública y privada para la conservación ambiental.
Lula subrayó la dimensión social de la crisis climática: más de dos mil millones de personas carecen de combustibles adecuados para cocinar y cientos de millones no tienen acceso a electricidad. Enfatizó que no puede haber justicia ambiental sin garantizar energía, salud y educación dignas para las comunidades más vulnerables. El presidente brasileño también criticó que el gasto militar mundial duplique los recursos destinados a la acción climática, y advirtió que “no habrá seguridad energética en un planeta en guerra”.
Su mensaje fue respaldado por líderes como António Guterres, secretario general de la ONU, quien alertó que el límite de 1,5 °C de aumento de la temperatura global está fuera de alcance, calificando la falta de acción como una “negligencia mortal”. Desde Chile, Gabriel Boric condenó el negacionismo climático, mientras la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, reclamó mayor responsabilidad a las potencias por no capitalizar el fondo de pérdidas y daños.
Fotografía: Redes













