El acuífero Valle de Tecamachalco ya no cuenta con disponibilidad de agua subterránea para nuevas extracciones, debido a que el volumen utilizado y comprometido supera la recarga natural anual. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), este sistema presenta un déficit superior a 60.6 millones de metros cúbicos por año, lo que refleja una fuerte presión hídrica en la región centro-sureste de Puebla.
La información oficial indica que el acuífero recibe una recarga natural de 157.1 millones de metros cúbicos anuales, mientras que la extracción autorizada asciende a 217.7 millones. Esta diferencia genera una disponibilidad media anual negativa de 60 millones 656 mil 614 metros cúbicos, lo que evidencia que la demanda rebasa la capacidad del subsuelo para recuperarse.
Este desequilibrio coloca al Valle de Tecamachalco en condición de sobreexplotación, ya que el agua extraída cada año no logra reponerse mediante procesos naturales como la lluvia y la infiltración. En consecuencia, el sistema opera con un balance deficitario que compromete su estabilidad a largo plazo y presiona el abastecimiento regional.
El agua subterránea en esta zona es clave para el consumo humano, la agricultura y diversas actividades productivas que dependen de pozos y concesiones. La creciente presión sobre el acuífero adquiere relevancia en un territorio donde el recurso sostiene tanto a comunidades como a sectores económicos.
La extracción supera la capacidad natural de recuperación del acuífero
Los reportes técnicos de Conagua señalan que existe déficit cuando la extracción supera la recarga natural disponible. Esta condición implica una reducción progresiva de las reservas subterráneas, especialmente cuando el aprovechamiento se mantiene constante sin condiciones suficientes de reposición.
En el caso del Valle de Tecamachalco, el déficit no solo representa una cifra técnica, sino una señal de alerta sobre la gestión del recurso hídrico. La falta de disponibilidad para nuevas concesiones implica que cualquier incremento en la demanda profundiza el riesgo de abatimiento de pozos y dificultades de abastecimiento.
La problemática se agrava por las condiciones del territorio, ya que la recarga depende de la infiltración del agua de lluvia. La expansión urbana, la pavimentación y el cambio de uso de suelo reducen las áreas permeables, limitando la recarga natural mientras la demanda continúa en aumento.
Esto genera un círculo de presión hídrica: se extrae más agua de la que se repone y, al mismo tiempo, disminuyen las condiciones para su recarga. En este contexto, la gestión del acuífero requiere medidas de control, planeación territorial y protección de zonas de infiltración.
Los datos de Conagua ubican al Valle de Tecamachalco entre los acuíferos deficitarios de Puebla, con un balance negativo que confirma que la extracción ya supera la capacidad de recuperación del sistema.
En conjunto, este déficit refleja una problemática hídrica de alto impacto para la región. Sin una gestión más estricta del recurso, la protección de áreas de recarga y un control efectivo del aprovechamiento, el desequilibrio podría traducirse en mayores dificultades de abastecimiento para comunidades, agricultura y actividades productivas.
Ilustración: Iván Rojas













