Este martes se cumplieron seis años de la desaparición y muerte de Homero Gómez González, defensor incansable de la mariposa monarca y de los bosques de oyamel en Michoacán. Su cuerpo fue hallado el 30 de enero de 2020 en un pozo, tras haber sido reportado como desaparecido el 13 de enero, y hasta hoy no existe una versión oficial que esclarezca su fallecimiento, lo que mantiene abierta la exigencia de justicia por parte de su familia y comunidades.
A través de redes sociales, Homero Gómez Jr., hijo del activista, expresó su dolor y frustración: “6 años sin justicia. 6 años de coraje, de indignación y de una deuda que el Estado no ha querido saldar. Exigimos justicia a la Fiscalía General del Estado de Michoacán”. También recordó que ese 13 de enero fue la última vez que vio a su padre, cuya ausencia marcó su vida para siempre: “Desde entonces, su recuerdo no se ha ido. Me acompaña la nostalgia, pero también la pregunta constante de si pude haber hecho algo más”.
Homero Gómez regresó a su comunidad tras estudiar en la Universidad Autónoma Chapingo y desde los años 90 organizó a ejidatarios de El Rosario para proteger la hibernación de la mariposa monarca en el cerro El Campanario. Denunció la tala clandestina en los municipios de Ocampo, Angangueo y Zitácuaro, y visibilizó la pobreza extrema de comunidades mazahuas y otomíes, vinculando la defensa ambiental con la dignidad social. Gracias a su gestión, los santuarios recibieron atención de los tres niveles de gobierno y de organismos internacionales, lo que permitió que El Rosario y El Campanario contaran con infraestructura y carretera rústica para recibir a miles de visitantes nacionales y extranjeros.
Desde noviembre de 2000 la zona fue decretada Área Natural Protegida, con más de 61 mil hectáreas de conservación. A pesar del cambio climático y la tala ilegal, cada noviembre miles de mariposas siguen arribando a los bosques michoacanos. La memoria de Homero Gómez continúa movilizando a quienes defienden la vida y el territorio. Su hijo lo resumió con claridad: “No es olvido. No es resignación. Es exigencia. La memoria vive. La lucha sigue”.
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Fotografía: Redes













