De Imevisión a TV Azteca: privatización, poder y crisis financiera

El concurso mercantil de TV Azteca marca el desgaste del modelo de televisión abierta tras su auge posprivatización.

La historia de TV Azteca es también la historia de la televisión comercial en la etapa neoliberal de México. En 1993, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari privatizó Imevisión —la televisora estatal creada en los años ochenta— y vendió sus activos a un consorcio encabezado por Ricardo Salinas Pliego. Así nacía TV Azteca, con los canales 7 y 13 como columna vertebral y la promesa de abrir la competencia frente al histórico dominio de Televisa.

La privatización fue presentada como parte del proceso de modernización económica. Sin embargo, desde el inicio hubo cuestionamientos sobre las condiciones de venta y el nuevo equilibrio de poder mediático. TV Azteca no solo heredó infraestructura y frecuencias estratégicas: heredó también un papel central en la construcción de opinión pública. Durante los años noventa y dos mil, la empresa se consolidó como el segundo gran actor televisivo del país, con noticiarios, telenovelas y transmisiones deportivas que marcaron agenda.

En ese periodo también se afianzó su influencia política. La televisora sostuvo relaciones estrechas con distintos gobiernos y partidos, en un modelo donde concesiones, publicidad oficial y cobertura informativa convivieron en una lógica de mutua conveniencia. La competencia con Televisa no fue solo comercial; fue también por espacios de poder.

El conflicto por Canal 40 y la disputa por la señal

Uno de los episodios más polémicos en la historia de la televisora fue el conflicto por Canal 40, originalmente operado por CNI. A finales de los noventa, TV Azteca estableció una alianza comercial con la empresa concesionaria. Las diferencias contractuales escalaron hasta que, en 2002, personal vinculado a TV Azteca tomó las instalaciones del transmisor en el Cerro del Chiquihuite, en un hecho ampliamente criticado por su carácter extrajudicial.

El caso se convirtió en símbolo de la disputa por frecuencias y del uso de la fuerza empresarial en un sector altamente regulado. Con el tiempo, TV Azteca terminó controlando la señal, rebautizada como Proyecto 40 y posteriormente ADN 40. Más allá del desenlace legal, el episodio dejó una marca en la discusión sobre concentración mediática y prácticas corporativas en la industria.

Influencia política, polémicas editoriales y modelo de negocios

A lo largo de tres décadas, TV Azteca ha sido protagonista de coberturas controversiales y posicionamientos editoriales que la colocaron en el centro del debate público. En procesos electorales, reformas estructurales y coyunturas nacionales, su línea informativa ha sido señalada tanto por sesgos como por confrontaciones abiertas con actores políticos.

Durante la pandemia de COVID-19, declaraciones de Ricardo Salinas Pliego alentando a no acatar restricciones sanitarias generaron críticas de especialistas y autoridades. La empresa defendió su postura bajo el argumento de libertad de expresión y defensa de la economía, pero el episodio impactó su reputación en un momento en que el mercado publicitario ya enfrentaba una fuerte contracción.

En paralelo, la industria televisiva comenzó a resentir la migración acelerada de inversión publicitaria hacia plataformas digitales y servicios de streaming. El modelo tradicional —basado en altos ingresos por publicidad abierta— se debilitó sin que TV Azteca lograra una reconversión estructural suficiente. La competencia dejó de ser solo nacional y se volvió global.

El presente: concurso mercantil y qué significa realmente

Hoy, la empresa enfrenta uno de los momentos más delicados de su historia. Controlada por Grupo Salinas, TV Azteca anunció que solicitará un concurso mercantil voluntario para reorganizar sus deudas y evitar la quiebra inmediata. Entre sus pasivos destacan bonos emitidos en 2017 cuyo pago se suspendió en 2020 y que han derivado en reclamaciones por casi 600 millones de dólares en tribunales de Nueva York.

Pero ¿qué implica exactamente esta figura?

El concurso mercantil en México es un proceso judicial previsto para empresas que ya no pueden cumplir regularmente con sus obligaciones de pago. A diferencia de la quiebra directa, el objetivo principal no es cerrar la compañía, sino darle una última oportunidad de sobrevivir. Al ser voluntario, significa que la propia empresa reconoce su incapacidad financiera y pide protección legal antes de colapsar.

Sus efectos inmediatos son relevantes:

  • Se suspenden temporalmente embargos y ejecuciones de deuda
  • Los acreedores no pueden cobrar de manera individual
  • Se abre una negociación colectiva para reestructurar pagos
  • La empresa puede seguir operando mientras intenta salvarse

El procedimiento tiene dos caminos posibles: la reestructuración, donde se renegocian plazos, montos o intereses, o la quiebra, si no se alcanza un acuerdo. En otras palabras, el concurso mercantil es el punto intermedio entre la solvencia y la desaparición.

El contexto financiero del conglomerado tampoco es menor: litigios fiscales por más de 32 mil millones de pesos y problemas en otras empresas del grupo reflejan tensiones estructurales. Analistas consideran que la solicitud busca ganar tiempo, pero exhibe años de decisiones financieras arriesgadas y una estrategia insuficiente frente a la transformación del mercado audiovisual.

TV Azteca sostiene que continuará produciendo contenidos y operando con normalidad mientras negocia con acreedores. Sin embargo, la figura legal revela una realidad: la empresa necesita protección judicial para seguir existiendo.

De la privatización de Imevisión al concurso mercantil, la trayectoria de TV Azteca refleja no solo la evolución de una empresa, sino las tensiones entre poder mediático, responsabilidad social y viabilidad financiera en México. El desenlace aún está por escribirse, pero marca un punto de inflexión en la historia de la televisión comercial del país.

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