A poco más de tres meses del arranque de la Copa del Mundo 2026, México recibió un respaldo contundente por parte de la FIFA tras los hechos de violencia derivados del operativo contra el Cártel Jalisco Nueva Generación. Lejos de abrir la puerta a especulaciones sobre un posible cambio de sede, el organismo rector del futbol mundial reafirmó que México mantiene plena solidez institucional para organizar el torneo, enviando un mensaje de estabilidad al ámbito deportivo internacional.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, expresó desde Barranquilla que existe confianza absoluta en el gobierno mexicano y en su capacidad para garantizar la seguridad durante el Mundial. En su postura pública, dejó claro que no existe ningún “plan B” para mover partidos ni repechajes, subrayando que la organización mantiene comunicación permanente con las autoridades federales y que el país cuenta con las herramientas necesarias para afrontar cualquier desafío.
En el frente nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que están dadas todas las condiciones para que los encuentros se desarrollen conforme al calendario establecido, particularmente en Guadalajara, una de las sedes clave del torneo. Su mensaje fue claro: no existe riesgo para los aficionados ni para las delegaciones internacionales, y el dispositivo de seguridad será acorde a la magnitud del evento deportivo más importante del planeta.
México albergará 13 partidos del Mundial 2026, incluido el encuentro inaugural en la Ciudad de México, además de compromisos en Monterrey y Guadalajara. La dimensión logística y operativa ya estaba contemplada dentro de la planeación estratégica del país, por lo que los recientes acontecimientos no alteran la ruta trazada para recibir a millones de visitantes y proyectar al país ante el mundo.
Incluso dirigentes internacionales han manifestado confianza en que México superará cualquier episodio coyuntural en el corto plazo. Desde la perspectiva de la FIFA, el Mundial 2026 no solo sigue firme, sino que será una fiesta deportiva que reconocerá la tradición futbolística y la fortaleza institucional del país. Con ello, México y el gobierno de Sheinbaum consolidan un mensaje de certidumbre: la Copa del Mundo se jugará en territorio mexicano y será un éxito organizativo.
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