El Partido Acción Nacional anunció que abrirá todas sus candidaturas a la ciudadanía rumbo a las elecciones de 2027, en lo que su dirigente Jorge Romero presentó como un cambio histórico dentro del partido. Sin embargo, más allá del discurso, la medida llega en un contexto de desgaste interno, cuestionamientos por procesos previos y una limitada recuperación de confianza ciudadana, lo que pone en duda el verdadero alcance de esta apertura.
Desde la Alameda Sur, Romero planteó que el nuevo modelo permitirá que cualquier persona, incluso sin militancia, pueda competir por una candidatura mediante un proceso que incluye registro digital, entrevistas, recolección de firmas, debates públicos y una votación final. El dirigente insistió en que se busca terminar con las designaciones desde las cúpulas, pero evitó profundizar en cómo se garantizará la equidad en un proceso donde factores como recursos económicos, estructura territorial y posicionamiento previo suelen ser determinantes.
Las dudas no tardaron en surgir incluso entre la militancia. Algunas voces advierten que abrir el registro no necesariamente implica condiciones reales de competencia, especialmente si no se aclaran aspectos como el financiamiento, el acceso a promoción o el respaldo institucional. En ese sentido, persiste la percepción de que podrían repetirse prácticas de favoritismo o decisiones previamente inclinadas, una crítica que ha acompañado al PAN en distintos procesos internos durante los últimos años.
El anuncio también revive antecedentes recientes que afectan la credibilidad del partido. En 2023, el PAN impulsó un proceso similar en alianza con otras fuerzas políticas que prometía apertura ciudadana, pero que terminó siendo señalado como una simulación donde las decisiones clave habrían sido controladas por las dirigencias, particularmente en la definición de la candidatura de Xóchitl Gálvez. Estos antecedentes alimentan el escepticismo sobre si el nuevo modelo realmente representa una transformación o solo un ajuste discursivo.
Aunque algunos perfiles dentro del partido consideran que la medida podría atraer nuevos participantes, el reto para el PAN va más allá de abrir convocatorias. La verdadera prueba será demostrar que puede garantizar procesos transparentes, competitivos y equitativos, en un escenario donde la desconfianza interna y los resultados electorales recientes siguen pesando. Por ahora, la propuesta se mantiene entre el discurso de renovación y las dudas sobre su implementación real.
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