Sergio Mayer solicitó licencia indefinida como diputado federal para integrarse a la nueva temporada de La Casa de los Famosos (LCDLF), transmitida por Telemundo, una decisión que ha generado debate por el contraste entre su encargo público y el beneficio económico que obtendría en televisión. El Pleno de la Cámara de Diputados avaló su separación del cargo, por lo que su suplente asumirá funciones mientras el legislador participa en el reality show.
Según reportes difundidos en medios de espectáculos, Mayer habría negociado un pago semanal que oscila entre 10 mil y 23 mil 500 dólares, es decir, entre 200 mil y 405 mil pesos mexicanos por semana, además de posibles bonos. La cifra coloca sus ingresos en el programa muy por encima de lo que percibía como legislador.
Datos de la Plataforma Nacional de Transparencia indican que en 2025 el diputado recibía 79 mil pesos netos mensuales, además de un aguinaldo superior a 147 mil pesos. Esto significa que en apenas una semana dentro del reality podría obtener el equivalente a tres o incluso cinco meses de su salario como representante popular, lo que ha intensificado la conversación pública en torno a su decisión.
Durante año y medio de la actual Legislatura, Mayer presentó cinco iniciativas que no fueron aprobadas y acumuló ocho intervenciones en tribuna, además de cinco inasistencias entre faltas por votación y ausencias justificadas. Su desempeño también estuvo marcado por episodios que se viralizaron en redes sociales y que generaron cuestionamientos sobre su papel en el Congreso.
Aunque la licencia sea legal y no implique cobrar del erario durante su ausencia, la decisión de Sergio Mayer de dejar temporalmente su curul para incorporarse a un reality con ingresos que multiplican su salario público termina enviando un mensaje claro: ante la disyuntiva entre la responsabilidad legislativa y la oportunidad económica, optó por la segunda. El contraste entre sus resultados en el Congreso y la rapidez con la que capitaliza su imagen en televisión refuerza la percepción de que su prioridad no es el trabajo parlamentario, sino su rentabilidad mediática.
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