El 12 de diciembre en 2025: millones en la Basílica y un símbolo usado históricamente por el poder político

La utilización política de la Virgen de Guadalupe por parte de gobiernos, partidos, grupos empresariales y organizaciones conservadoras

Cada 12 de diciembre, la Ciudad de México se convierte en el epicentro de una de las movilizaciones religiosas más grandes del mundo. Para este 2025, las autoridades estiman entre 11 y 13.5 millones de peregrinos en torno a la Basílica de Guadalupe a lo largo de los días de fiesta, una cifra que mantiene a esta celebración como la más multitudinaria de México y América Latina.

Además de la dimensión espiritual, la fecha genera una importante derrama económica, calculada en más de 1,700 millones de pesos gracias al consumo de alimentos, hospedaje, transporte y artículos religiosos. La devoción guadalupana sostiene no sólo una tradición, sino también una economía que se activa cada diciembre.

Sin embargo, mientras millones de personas caminan por fe, esperanza o agradecimiento, la historia del país muestra algo muy distinto: la utilización política de la Virgen de Guadalupe por parte de gobiernos, partidos, grupos empresariales y organizaciones conservadoras.

De estandarte de Independencia a símbolo político de turno

La apropiación política de la imagen guadalupana no es nueva. Su primer gran uso ocurrió en 1810, cuando Miguel Hidalgo tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe en Atotonilco para encabezar la insurrección de Independencia. El gesto no fue sólo religioso: fue una estrategia para conectar a la insurgencia con el pueblo y con la devoción popular más extendida del territorio.

Desde ese momento, la Virgen dejó de ser únicamente un símbolo espiritual para convertirse también en un capital político. Su imagen podía servir para legitimar causas, discursos o proyectos, y los poderes públicos aprendieron rápido a usar esa herramienta simbólica.

El foxismo y la guadalupana de la “alternancia”

La llegada de Vicente Fox al poder reactivó ese uso político-religioso. Antes de asumir la Presidencia en 2000, Fox acudió a la Basílica en un acto cargado de significados. Las fotografías y discursos apuntaban a lo mismo: presentar su gobierno como “bendecido”, “natural” y respaldado por una tradición espiritual profundamente arraigada.

Durante su sexenio, el uso de lenguaje religioso, símbolos católicos y referencias guadalupanas fue constante. No se trató de fe personal —que es legítima—, sino de la conversión de la Virgen en herramienta de comunicación política para un proyecto de corte empresarial y conservador. La guadalupana fue usada para reforzar una narrativa de “cambio moral” mientras se impulsaban políticas neoliberales que profundizaron desigualdades.

FRENA: la Virgen como escudo contra el “comunismo”

Con el ascenso de la Cuarta Transformación, grupos de derecha radical volvieron a recurrir a la Virgen. El ejemplo más visible fue FRENA, organización que en marchas y plantones convirtió la imagen guadalupana en símbolo de oposición al gobierno de Morena.

Los estandartes de la Virgen, las oraciones en mítines y las consignas donde se afirmaba que sólo ella podía “salvar a México del comunismo” mostraron la magnitud del uso político. Se trató de una instrumentalización abierta: la Virgen ya no era símbolo de unión, sino de trinchera ideológica.

Así, una fe colectiva y popular fue tomada por grupos que intentaron adjudicarse la representación de “la verdadera México católica”, excluyendo a quienes no compartían su visión conservadora.

Salinas Pliego y la guadalupana como marca personal

En los últimos años, el empresario Ricardo Salinas Pliego ha llevado esta estrategia más lejos, incorporando la imagen guadalupana en sus mensajes públicos, eventos, transmisiones y redes sociales, justo mientras mantiene conflictos fiscales multimillonarios con el SAT y despliega una agenda política abiertamente confrontativa.

Su estética guadalupana —estandartes, mensajes religiosos, referencias constantes— convive con ataques a políticas sociales, críticas al feminismo y un discurso ultraconservador. De nuevo, no está en debate la fe personal, sino el uso de la Virgen como escudo político y narrativo para un actor con enorme poder económico.

La Virgen como negocio global: mercancía, licencias y ganancias

Más allá del uso religioso o político, la imagen de la Virgen de Guadalupe se ha convertido también en un negocio altamente rentable.

La marca “Virgencita Plis”, popularizada desde 2008 por la empresa Distroller, transformó a la guadalupana en una versión infantilizada y colorida que se imprime en mochilas, libretas, ropa, accesorios, velas y miles de productos. Esta versión está protegida comercialmente y genera ganancias millonarias.

A esto se suma que, desde 2002, empresarios chinos registraron derechos comerciales sobre la imagen de la Virgen en su país, permitiendo la producción masiva de artículos guadalupanos desde Asia. La globalización convirtió un símbolo espiritual profundamente mexicano en una marca internacional con alto valor comercial.

Hoy, frases como “Virgencita, cuídame plis” circulan en memes, stickers, animaciones y mercancía digital, integrándose a una economía devocional que mezcla afecto, identidad y consumo.

La fe del pueblo, sí; la manipulación del poder, no

La crítica no es hacia la fe católica ni hacia el guadalupanismo popular. La fe que lleva a millones a peregrinar, a agradecer milagros o a buscar consuelo es real, legítima y profundamente humana.

Lo cuestionable es:

  • Que gobiernos y grupos de poder usen a la Virgen como herramienta política.
  • Que empresarios multimillonarios intenten limpiar su imagen pública a través de símbolos religiosos.
  • Que un símbolo espiritual sea convertido en mercancía global mientras los pueblos que lo sostienen viven en condiciones precarias.
  • Que se intente imponer una sola identidad religiosa como sinónimo de mexicanidad.

En 2025, mientras millones vuelven a la Basílica, conviene recordar que la Guadalupana del pueblo —la de las caminatas, las promesas y la esperanza— no es la misma Guadalupana del poder, usada como logo, escudo o campaña.

La fe es del pueblo; la manipulación, no.

Foto: Redes

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