El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó la tensión internacional al advertir que “toda una civilización podría desaparecer en cuestión de horas” si Irán no acepta un acuerdo impulsado por su gobierno, en medio de una escalada militar que ya impacta infraestructura clave y genera preocupación global. Sus declaraciones se producen mientras continúan ataques aéreos sobre territorio iraní, incluidos puentes, estaciones ferroviarias y zonas estratégicas, en un contexto de creciente confrontación en Medio Oriente.
De acuerdo con reportes internacionales, Estados Unidos ha atacado objetivos militares en la isla de Jarg, un punto clave para la industria petrolera iraní, en lo que representa una ampliación de operaciones previas contra defensas aéreas, radares y bases militares. Paralelamente, Israel ha intensificado bombardeos dirigidos a infraestructura económica, lo que en conjunto configura una ofensiva que impacta directamente la capacidad logística y energética de Irán, elevando el riesgo de una crisis prolongada.
El ultimátum planteado por Trump incluye la reapertura total del estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Sin embargo, el mandatario ha endurecido su postura al advertir que, de no cumplirse sus condiciones, ordenaría ataques contra centrales eléctricas y más infraestructura civil, lo que ha encendido alertas internacionales. Diversos expertos y gobiernos han señalado que este tipo de acciones podrían constituir violaciones al derecho internacional humanitario e incluso crímenes de guerra.
Desde Irán, la respuesta ha sido tanto militar como social. Autoridades han convocado a la población a formar cadenas humanas para proteger instalaciones estratégicas, mientras el presidente iraní reportó que millones de ciudadanos se han ofrecido como voluntarios para defender el país. A la par, la Guardia Revolucionaria advirtió que podría bloquear el suministro energético en la región durante años, intensificando aún más la presión sobre Estados Unidos y sus aliados.
En el terreno, los ataques han dejado decenas de muertos y daños en infraestructura clave, mientras Irán ha respondido con el lanzamiento de misiles hacia Israel y Arabia Saudita, provocando cierres temporales en conexiones estratégicas como la Calzada del Rey Fahd. El conflicto ya ha dejado más de 1,900 muertos en Irán y miles de desplazados en la región, ampliando el impacto humanitario.
Organismos internacionales como la ONU, encabezada por António Guterres, y gobiernos europeos han advertido que atacar infraestructura civil está prohibido por el derecho internacional. No obstante, Trump ha minimizado estas preocupaciones, manteniendo una postura que ha sido señalada como altamente riesgosa por su potencial de escalar el conflicto a niveles globales, especialmente por el impacto económico derivado del alza en los precios del petróleo, que ya supera los 108 dólares por barril.
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