En mi época estudiantil, en la universidad, pude constatar el auge y las simpatías que morena acumuló, posterior al triunfo electoral.
Porque sí, la “cargada” llega siempre después del éxito consumado. En 2015, cuando ingresé a la universidad, éramos un puñado de estudiantes los que simpatizábamos con la 4T. Pero, posterior al proceso electoral, la euforia por afiliarse a morena creció descomunalmente.
Recuerdo a una compañera que con mucha insistencia me preguntaba dónde podía afiliarse a morena. En esos momentos las afiliaciones se mantenían cerradas dado que estaría por celebrarse un proceso de renovación partidista de la dirigencia nacional y de las dirigencias locales. Yo le respondía con humor e intriga: “¿Por qué te quieres afiliar?; no te harán descuento en la gasolinera o en ninguna tienda departamental. No hay ningún beneficio implícito a la afilaición” -Cerraba yo acompañado de una sonrisa burlona.-
Mi compañera; sin más remedio, ahogaba en el silencio los inexistentes motivos personales, que no tenía, para afiliarse a morena.
A partir de la unción casi por decreto de la nueva dirigencia nacional de morena (encabezada por Luisa Alcalde y Andrés López Beltrán) fue anunciado con bombo y platillo un nuevo proceso de afiliación. La cuantiosísima meta se fijó en 10 millones de afiliados. Una cifra sumamente relevante en comparación con la votación que logró articular el PRIAN en las elecciones presidenciales pasadas, con Xóchitl a la cabeza (16.5 millones de votos). También un aumento exponencial en relación a los afiliados que tenía morena en el año 2018, previo al triunfo de AMLO, donde apenas superaban los 2 millones de afiliados.
Esos 2 millones de afiliados que dieron forma al triunfo electoral de AMLO en 2018 se construyeron con un trabajo político apremiante en austeridad. Morena había instalado como llave de dialogo y de convencimiento de conciencias al periódico “regeneración” y al acto de brigadear. Se construyó una estructura de defensa y promoción del voto a partir de tocar puertas y gastar saliva. Ahora la situación es distinta.
Morena y sus aliados gobiernan una veintena de Estados. El brigadeo se ha esfumado, así como la poesía existente en el acto humano de “convencer” con argumentos políticos a la ciudadanía. En vez de eso, ahora morena tiene grandes estructuras burocráticas y políticas; que impulsadas por encomiendas “de estructura” estarán entregando “buenas cuentas”. En papel (o virtualmente) morena tendrá 10 millones de afiliados; pero en los hechos ¿Cuántas de esas personas interactúan en su día a día con la convicción de que los fundamentos partidistas, deben aplicarse colectivamente para desarrollar un proyecto colectivo?
¿Cuántos de esos 10 millones de afiliados van a brigadear en sus secciones electorales, preguntando a la ciudadanía que hace falta por mejorar?
Morena ganó en 2018 sin tener 10 millones de afiliados. Morena ganó en 2024; sin tener 10 millones de afiliados.
¿Qué necesita morena para seguir ganando? ¿Afiliados?
Andrés Manuel López Obrador instauró como aforismo de la Cuarta Transformación el lema: Sólo el pueblo puede salvar al pueblo y sólo el pueblo organizado puede salvar a la nación. Ahí está la clave, la búsqueda de consolidar una democracia participativa. Que el pueblo salve a la nación.
El pragmatismo político de morena ha permitido afianzar alianzas con la clase política y económica históricamente dominante en México; pero no es esa clase política la que permitió a morena acceder al poder en 2018 y mantenerse en 2024. Lo fue la percepción que la sociedad mexicana tiene respecto a morena. Inicialmente como una esperanza en la construcción de un México nuevo y en segundo momento con los resultados aplicados a la prioridad económica de los más pobres.
Esa esperanza se ha visto mermada con acciones de individuos que son parte de las cúpulas del morenismo. La vía para retomar el rumbo de la sincronía con la ciudadanía es justamente incorporando a la sociedad en los procesos de transformación. Y eso es algo que morena partido no ha hecho desde el 2018.
Para que el pueblo salve a la nación deben estar involucrados, informados y participativos en los procesos nacionales.
Hacer patria es mucho más complejo que afiliar “simpatizantes”. Hacer partido es mucho más complejo que llenar registros desde una tablet.
Morena NO necesita 10 millones de afiliados. Bastaría darle vida orgánica al movimiento partido; que accedió al triunfo en 2018. Esos 2 millones de simpatizantes, activos; tienen más valor que 10 millones de registros almacenados en tablets de última generación.













