El Ministerio de Defensa de Rusia aseguró que durante su reciente ofensiva aérea contra infraestructuras militares en Ucrania, no se contemplaron objetivos en territorio polaco, desmintiendo así las acusaciones realizadas por Varsovia sobre una presunta incursión de drones en su espacio aéreo.
La operación, que incluyó el uso de armas de precisión de largo alcance y drones de ataque, tuvo como blanco diversas instalaciones del complejo militar-industrial ucraniano ubicadas en tres regiones y en ciudades clave como Vínnitsa y Lvov. Según las autoridades rusas, todos los objetivos fueron alcanzados con éxito, y se trató de instalaciones responsables de la fabricación y reparación de vehículos blindados, componentes electrónicos y drones para las Fuerzas Armadas de Ucrania.
Polonia, por su parte, informó que detectó la presencia de varios drones en su espacio aéreo durante la mañana posterior al ataque ruso. Según el primer ministro polaco, Donald Tusk, al menos 19 aparatos fueron identificados, de los cuales tres habrían sido derribados por sus fuerzas armadas. Las autoridades polacas vincularon estos dispositivos con el Ejército ruso.
Frente a estas acusaciones, el Kremlin criticó lo que considera una tendencia constante de la Unión Europea y la OTAN a culpar a Rusia de provocaciones sin sustento comprobable. La Cancillería rusa atribuyó las declaraciones de Varsovia a un intento de escalar deliberadamente el conflicto en la región, al difundir lo que calificaron como “mitos” sobre una supuesta violación del espacio aéreo polaco.
En defensa de su posición, Moscú argumentó que los drones utilizados en el ataque tienen un alcance máximo de 700 kilómetros, distancia que, según ellos, haría improbable que pudieran haber llegado hasta territorio polaco.
Además, Rusia manifestó su disposición a mantener un diálogo con el Ministerio de Defensa de Polonia, con el fin de esclarecer lo sucedido y evitar un aumento innecesario de tensiones. También se mostró abierta a que el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso participe en estas posibles consultas bilaterales.
En paralelo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, abordó la situación durante una reunión convocada bajo el artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte, solicitado por Polonia. Aunque Rutte reconoció la preocupación del gobierno polaco, no pudo confirmar la existencia de pruebas contundentes sobre la presunta incursión y señaló que las investigaciones aún están en curso.
Mientras tanto, desde Lituania, el ministro de Asuntos Exteriores se mostró escéptico sobre la intención deliberada de Rusia de sobrevolar territorio de la OTAN. Sin embargo, destacó que Moscú debe asumir responsabilidad por evitar que sus drones crucen fronteras internacionales, especialmente en contextos de alta tensión como el actual.
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