En una decisión sin precedentes en la historia moderna de la monarquía británica, el rey Carlos III ha despojado a su hermano menor, Andrés, de todos sus títulos y honores, además de exigirle abandonar su residencia oficial en el Royal Lodge. La medida llega tras las renovadas presiones públicas por los vínculos del duque con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein.
De acuerdo con fuentes del Palacio de Buckingham, Andrés Mountbatten Windsor —como se llamará oficialmente en adelante— deberá dejar la propiedad real y mudarse a una vivienda privada, en un intento de marcar distancia entre la familia real y el prolongado escándalo. El rey habría considerado esta decisión como una “acción necesaria” para preservar la integridad de la institución, pese a que su hermano continúa negando las acusaciones en su contra.
A diferencia de su padre, el difunto príncipe Felipe, Carlos III ha optado por una postura firme frente a las controversias internas de la familia real, con el propósito de proteger la imagen de la monarquía ante la opinión pública. El Palacio explicó que el rey mantiene su “solidaridad con las víctimas de abuso” y que sus pensamientos permanecen con quienes han sufrido cualquier forma de explotación.
Aunque Andrés pierde sus títulos y su tratamiento como Su Alteza Real, sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, conservarán sus dignidades reales, tal como establecen las Patentes Reales de 1917. Ambas continúan con sus labores filantrópicas y profesionales: Beatriz, como asesora de una empresa tecnológica y cofundadora de una fundación juvenil; y Eugenia, como directora de una galería de arte y promotora de causas sociales contra la esclavitud moderna.
La medida de Carlos III no solo implica la pérdida de los títulos nobiliarios de Andrés —entre ellos el de Duque de York—, sino también su exclusión de las órdenes honoríficas de la Corona, como la Orden de la Jarretera y la Gran Cruz Victoriana. Su exesposa, Sarah Ferguson, quien residía con él en la mansión de 30 habitaciones, también deberá buscar un nuevo hogar.
La última vez que un miembro de la realeza británica fue despojado de su título ocurrió en 1919, cuando el príncipe Ernesto Augusto fue sancionado por apoyar a Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, ningún príncipe británico había enfrentado una medida de tal magnitud.
El caso Epstein sigue pesando sobre el nombre del príncipe caído en desgracia. Aunque Andrés ha negado repetidamente las acusaciones de abuso, documentos y correos electrónicos recientes sugieren que mantuvo contacto con Epstein más tiempo del que admitió públicamente, reavivando la indignación y las exigencias de rendición de cuentas.
Para la monarquía, este paso representa una dura pero inevitable separación de un miembro cuya conducta ha dañado la reputación de la institución.
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