La Franja de Gaza, devastada por meses de ataques y desplazamientos masivos, enfrenta ahora un nuevo golpe: las intensas lluvias de este viernes inundaron cientos de tiendas de campaña y zonas residenciales improvisadas, agravando una crisis humanitaria que organismos locales describen como “al borde del colapso”. Las primeras precipitaciones tras un largo periodo de sequía expusieron, con crudeza, la fragilidad de los refugios en los que sobreviven más de dos millones de palestinos.
Desde las primeras horas de la madrugada, los equipos de Defensa Civil comenzaron a recibir una oleada de llamados de auxilio. Su portavoz explicó que las solicitudes se cuentan por cientos, pero reconoció que prácticamente no existen recursos para atenderlas. Las imágenes difundidas por residentes muestran colchones empapados, pertenencias inutilizables y tiendas derrumbadas por el peso del agua. Para muchas familias, la lluvia no significó alivio, sino una nueva pesadilla en medio del desplazamiento forzado.
El impacto de la tormenta se hace aún más grave considerando la infraestructura destruida por los ataques israelíes. Las autoridades locales advierten que el 85% de las carreteras, redes de agua y sistemas de alcantarillado han sido dañados o están totalmente inoperativos. En este contexto, la combinación de lluvias torrenciales y colapso de drenajes amenaza con inundar barrios enteros, sobre todo en las zonas donde se han acumulado miles de desplazados.
Dirigentes de Hamas calificaron la situación como un desastre humanitario en proceso de aceleración y pidieron a la comunidad internacional asumir una responsabilidad real ante la llegada del invierno. Señalaron que la falta de asistencia, especialmente de parte de gobiernos árabes y occidentales, deja a la población expuesta a mayores riesgos y, en su opinión, facilita que Israel mantenga y profundice el asedio sobre el enclave. También acusaron al gobierno israelí de imponer restricciones estrictas a la entrada de ayuda, incluso en el marco del acuerdo vigente desde el alto el fuego del 10 de octubre.

Recursos insuficientes para la atención
La perspectiva de los equipos de socorro locales es igual de alarmante: estiman que se requieren cerca de 450 mil tiendas resistentes para cubrir a todos los desplazados, una cifra imposible de alcanzar en las condiciones actuales. Naciones Unidas coincide al afirmar que más de 1,4 millones de palestinos necesitan refugios de emergencia y que más de 320 mil viviendas han sido destruidas o dañadas.
Mientras tanto, la cifra de víctimas continúa aumentando incluso durante el periodo de alto el fuego. Las autoridades gazatíes han reportado nuevos muertos y heridos en zonas previamente inaccesibles, lo que revela la magnitud de la devastación acumulada. En este escenario, las lluvias no sólo mojan y destruyen lo poco que les queda a las familias desplazadas: también ponen en riesgo directo la vida de más de 900 mil personas situadas en áreas propensas a inundaciones por el colapso de plantas de tratamiento y drenajes.
El desplazamiento masivo, el deterioro total de la infraestructura, la escasez de ayuda y ahora las inundaciones son capas de una crisis que no ha parado de aumentar. La llegada del invierno podría transformar la precariedad en catástrofe. Sin una intervención sostenida y sin restricciones, cada día que pasa multiplica el sufrimiento de una población ya agotada por el asedio militar y el abandono internacional.
Fotografías: Redes













