El ex presidente López Obrador acuñó una frase para definir la compleja tarea de “echar a andar” a la burocracia. AMLO comparaba al aparato burocrático de gobierno con un elefante —blanco y reumático— que había de ser “empujado” por voluntades políticas, para que la transformación social también se diera en el servicio público.
En Puebla, el encargado de hacer que el elefante burocrático camine es el gobernador Alejandro Armenta. Él mismo tiene un refrán para tales impulsos: “al que madruga Dios lo ayuda, y para uno que madruga, otro que no duerme”… Y así lo ha hecho saber a su gabinete e integrantes de su gobierno. Ha afirmado que no tienen cabida todos aquellos que no amen a Puebla, y que no reflejen su amor en la vocación del servicio público en favor de las y los poblanos.
La estructura del gobierno estatal tiene a su líder y a su evaluador en la persona del gobernador Armenta. Esa en sí misma es una gran responsabilidad a la que poco más habría que agregarle.
No se le puede exigir al gobernador Armenta que ponga a andar al elefante reumático que encarna el Comité y el Consejo Estatal de morena en Puebla. Tales órganos tienen a sus propios dirigentes y responsables de tareas organizativas.
Hay que decir que, a partir del “regaño” público que el gobernador hizo hacia el partido en Puebla, la respuesta de la dirigencia fue notoria, aunque no precisamente en los parámetros esperados. La actual dirigente del partido respondió impartiendo un carrusel de medios en compañía del representante electoral —el único en todo el país que tiene posicionamiento político y no jurídico—, dotando de calificativos a los legisladores locales de Acción Nacional, llamándoles irresponsables e insensatos —entre otras descripciones—.
Lo anterior fue una respuesta visible solamente en el pequeño, y cada vez más disminuido, círculo rojo. Mismo que el gobernador Armenta ha desvalorizado, afirmando que la comunicación y posicionamientos políticos, así como la descripción del proceso de transformación en Puebla, debe llegar al debate social, al intercambio popular.
Cuando tuve oportunidad de desempeñarme como Secretario de Derechos Humanos del Comité Ejecutivo Estatal de morena en Puebla, en el periodo 2019 – 2021, carecimos de recursos económicos para operar las estructuras partidistas, estando sumamente lejos de los más de 100 millones de pesos con los que contó el actual Comité Estatal para el ejercicio del año 2025. Habían carencias de todo tipo, pero no de voluntad política.
En los casi dos años que desempeñé mi labor dentro de la dirigencia partidista, sólo desde la Secretaría de Derechos Humanos realizamos más de 70 actividades de integración y discusión partidista (foros, mesas de análisis, conversatorios). Actividades que tenían hora de inicio, pero no de fin, pues después de la temática expuesta se abrían rondas largas y sudorosas de comentarios por parte de quienes asistían.
Se permitía todo; el objetivo primario no era la exposición del tema, sino la escuchar a la militancia. Se convertía entonces el conversatorio en una especie de catarsis, de terapia colectiva. Ahí se solventaba una acción esencial de los modelos democráticos: escuchar.
Escribo lo anterior como parte de un ejercicio periodístico del debate público que ha suscitado estas semanas sobre la inmovilidad política y social de morena en Puebla; pero también redacto a partir de mi experiencia como miembro de la dirigencia estatal, en momentos sumamente complejos para el movimiento político en Puebla.
Ahora las condiciones son muy distintas. El presupuesto económico es casi ilimitado para la operación política, pero hay ausencia de voluntad.
El primer paso para la nueva ruta de morena en Puebla no debería ser un carrusel mediático para saciar el morbo del círculo rojo después del regaño del gobernador, y mostrarse como dirigencia en plena lealtad hacia el gobernador. Pues hay que recordar que el actual Consejo Estatal de morena no votó como su candidato al gobernador Armenta, siendo la comisión nacional de elecciones quien interviniera para que pudiera ser valorado el perfil del entonces senador. Es decir, el actual consejo de morena no confió en Alejandro Armenta, y ahora simula —en la obligación de las formas políticas— lealtad incondicional.
Lo que necesita morena en Puebla para reconstruirse no es “quedar bien” con el círculo rojo o con el gobernador. Necesita escuchar a su militancia, hacer una larga y necesaria catarsis de autocrítica y, a partir de ello, trazar un nuevo camino y tener disposición de caminarlo, con el pueblo, con la base.
Que el mantra —con el pueblo todo, sin el pueblo nada— se use no sólo en la voz, sino en la práctica.













