TV Azteca, controlada por Grupo Salinas, anunció que solicitará un concurso mercantil voluntario para reorganizar sus deudas, tras enfrentar una situación financiera crítica por decisiones internas y compromisos incumplidos. La medida fue aprobada por la Asamblea General Extraordinaria de Accionistas y permitirá a la empresa seguir operando mientras negocia con acreedores, evitando una quiebra inmediata. Entre sus pasivos se incluyen bonos de 2017 que dejaron de pagarse en 2020 y que ahora generan reclamaciones por casi 600 millones de dólares en tribunales de Nueva York.
El origen de esta crisis, según expertos, no es solo externo. La compañía realizó en 2018 un desembolso de más de 3 mil 800 millones de pesos por licencias, y durante la pandemia de COVID-19 llevó a cabo acciones controvertidas promovidas por Ricardo Salinas Pliego, alentando al público a ignorar restricciones sanitarias. Estas decisiones, además de generar críticas públicas, contribuyeron a la caída en la inversión publicitaria y al debilitamiento de las ventas, dejando al descubierto una gestión arriesgada y poco estratégica.
A nivel corporativo, Grupo Salinas aún enfrenta pagos pendientes por más de 32 mil millones de pesos, resultado de litigios fiscales prolongados. Aunque parte de la deuda se ha cubierto, la obligación de cumplir con pagos mensuales demuestra la incapacidad de la empresa para mantener sus compromisos financieros. Simultáneamente, otras compañías del grupo, como Grupo Elektra, reportan pérdidas millonarias ligadas a la administración deficiente de créditos y provisiones, mostrando que los problemas no son aislados sino sistémicos dentro del conglomerado.
Analistas señalan que el concurso mercantil voluntario busca ganar tiempo para reorganizar pasivos, pero deja en evidencia años de decisiones financieras erráticas y estrategias insuficientes para enfrentar cambios en la industria televisiva. La migración de inversión publicitaria hacia plataformas digitales y la falta de preparación ante escenarios de crisis exponen la vulnerabilidad de la compañía, que hoy depende de este mecanismo legal para evitar un colapso total.
A pesar de estas dificultades, TV Azteca afirma que continuará produciendo contenidos y trabajando en su eficiencia operativa. Sin embargo, la realidad es que la empresa enfrenta un escenario complejo que amenaza su viabilidad a mediano plazo, con deudas millonarias, juicios pendientes en Estados Unidos y un historial de decisiones que ponen en duda su capacidad de gestión y sostenibilidad en el competitivo mercado televisivo mexicano.
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