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China, Marx y la disputa por el futuro: Heinz Dieterich lleva al Congreso el debate del papel de México ante el modelo chino

Dieterich presentó en el Congreso su análisis del modelo chino y sus implicaciones para México.

La tarde del jueves 26 de febrero, el Museo Legislativo de la Cámara de Diputados se convirtió en un espacio de debate político e intelectual poco habitual dentro del recinto parlamentario. Ahí se presentó el libro China y Marx en el siglo XXI ¿Y México?, del sociólogo y teórico político Dr. Heinz Dieterich, figura ampliamente conocida en América Latina por haber desarrollado el concepto de “Socialismo del Siglo XXI”, una propuesta que marcó buena parte de la discusión ideológica progresista durante las primeras décadas del nuevo milenio.

El evento reunió a estudiantes, investigadores, asesores legislativos y público interesado en comprender el reacomodo del orden mundial. La presentación contó además con los comentarios del Mtro. Alberto Romero García, quien planteó la pertinencia de discutir el papel de México frente al ascenso económico, tecnológico y geopolítico de China, en un momento en que el país sigue profundamente integrado al mercado norteamericano.

Lejos de ser una obra de coyuntura inmediata, el libro de Dieterich se inscribe en una reflexión más amplia sobre la transición histórica que vive el capitalismo global. A partir del análisis del desarrollo chino —su planificación estatal, la propiedad pública estratégica y la coexistencia con mercados regulados— el autor propone que la experiencia asiática constituye el primer intento exitoso de superar la lógica neoliberal sin regresar al socialismo burocrático del siglo XX. Para el sociólogo, China representa una síntesis entre mercado, soberanía nacional y planificación científica del desarrollo, algo que, sostiene, Marx había previsto teóricamente pero nunca pudo observar materialmente.

Durante la charla, se discutió que el centro del debate no es si China es socialista o capitalista en términos clásicos, sino si su modelo inaugura una etapa histórica distinta: un sistema poscapitalista donde el Estado dirige la acumulación con objetivos colectivos de largo plazo, reduciendo la subordinación a las crisis financieras globales. En ese sentido, el libro intenta responder la pregunta final del título: ¿qué lugar puede ocupar México en un mundo que deja de ser unipolar?

Dieterich ha sostenido durante décadas que América Latina quedó atrapada entre dos modelos fallidos: el neoliberalismo dependiente y el estatismo rentista. Frente a ello, su obra plantea la necesidad de una tercera vía basada en soberanía tecnológica, planeación democrática y economía mixta con predominio social. Según su planteamiento, el error histórico de la región fue discutir ideologías del siglo XX mientras la economía mundial transitaba hacia una nueva estructura productiva basada en conocimiento, energía y automatización.

En el caso mexicano, la reflexión cobra especial relevancia. La economía nacional mantiene una profunda integración industrial con Estados Unidos, pero simultáneamente enfrenta el surgimiento de Asia como principal polo manufacturero y tecnológico. El libro sugiere que el país podría aprovechar esa posición intermedia para impulsar una política industrial soberana, siempre que exista voluntad política para abandonar la dependencia exportadora basada únicamente en mano de obra barata.

El comentario final del evento giró alrededor de la necesidad de recuperar el pensamiento crítico en la política institucional. No como ejercicio académico aislado, sino como herramienta para diseñar proyectos nacionales en un contexto de transición geopolítica. La discusión dejó claro que el debate sobre socialismo, desarrollo y soberanía no pertenece al pasado: vuelve a aparecer en el Congreso mexicano porque el modelo económico mundial está cambiando.

La presentación concluyó con preguntas del público, centradas principalmente en si el llamado Socialismo del Siglo XXI sigue vigente. La respuesta implícita del autor fue que más que un programa cerrado, se trata de una hipótesis histórica: la posibilidad de que la humanidad construya sistemas económicos más racionales y menos dominados por la especulación financiera. China, argumenta, sería apenas el primer laboratorio real de esa transición. México, dependiendo de sus decisiones políticas, podría limitarse a observarla… o intentar participar en ella.

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