Estados Unidos atacó, nuevamente, de forma unilateral a un país soberano. Rompiendo con su discurso anterior, éste no se encuentra en lo que ellos mismos han llamado su “área de influencia”, sino que ha sido un ataque violento y total en contra de un país al otro lado del mundo: Irán, una república islámica que como occidentalizados (es decir, como personas que sin ser consideradas verdaderos occidentales, son obligados a asumir una forma occidentalizada en nuestras vidas cotidianas), puede parecernos totalmente injusto, terrible y cruel, justo como, mi experiencia me lo dice, ellos -el resto del mundo, incluyendo a los “verdaderos occidentales” (ja)- nos ven a nosotros.
Esta acción demuestra sin duda algo que desde hace años, era ya una sospecha sostenida: estamos en el fin de un imperio. El más corto de todos los grandes imperios “universales” que han existido y también el más violento. Los Estados Unidos está perdiendo totalmente su hegemonía y ha pasado, desafortunadamente para nosotros, a la fase en que sabe que sólo a través de la violencia es que puede mantener su estatus. Es un momento peligroso para todos, pues como sabemos, los tronos de bayonetas -según la famosa frase de Inge- no suelen durar mucho (ni ser muy seguros).
Algunas personas podrían pensar que esta declaración deviene más de un deseo que de un análisis real sobre lo que sucede. Pero deben saber que este cambio no me da alegría ninguna. No se trata de una preferencia o afecto por los Estados Unidos y su régimen -un régimen colonial y racista-nativista que ve en nosotros, mexicanos, seres humanos de segunda categoría- sino de una cuestión mínima de supervivencia inmediata. Somos vecinos, aliados y dependientes de ese poder imperial, y no tenemos puntos de fuga o salida posible en caso de una hecatombe. Nuestro destino, desafortunadamente, está intrínsecamente interconectado al de ellos.
Debido a esto, es que mi análisis parte de un deseo contrario al que dan los resultados. Me gustaría que el poder imperial de ese país fuera estable; me gustaría que estuviera en un periodo de relativa calma y me gustaría ver en sus acciones, los cimientos de una transformación benéfica para ello, porque indirectamente, significaría también una potencial mejora de nuestras propias condiciones.
Debemos ver estos hechos, sin embargo, fuera de esa contradictoria voluntad que trae pensar en el beneficio de quien te entiende como inferior. Y entonces podríamos comenzar por pensar en cómo ha cambiado el mundo durante los últimos años, para que el ataque a Irán y el asesinato del Ayatola -un líder de estado extranjero de un país con quien no está en guerra declarada- pueda ser ahora mostrada como algo para “alegrarse” y no para preocuparse por la derecha.
Algunas personas insisten en llevar a cabo estos análisis como si se trataran de partidos de futbol. Como si criticar la acción que llevó a esta ilegalidad, significara, de alguna manera, que estás de acuerdo o apoyas cualquier otra ilegalidad -real o inventada- que pudiera existir en el mundo. Pero la realidad no se basa en criterios de un “Chivas-América”, sino que es compleja y tiene muchos elementos diferenciados. Criticar lo que se hace no significa alegrarnos por otras cosas: significa criticar lo que se hizo. Por ello, cualquier plática que de un tema salte a otro (“ah pero no dices nada sobre….”) es una discusión vacía. No somos porristas de equipos de futbol. Somos gente que se preocupa por lo que ve políticamente.
En este sentido uno de los puntos más importantes, es preguntarnos ¿por qué ahora? Parece que para algunas personas, la administración de Donald Trump ha realizado estas acciones porque es “mejor” que las otras y porque ha conseguido mejores resultados que el resto porque se “ha atrevido” a hacer cosas que otros no hicieron -por miedo, por incapacidad, por falta de voluntad-. Pero esta idea es totalmente un sinsentido.
La tecnología que se ha utilizado para secuestrar a Maduro, para amenazar a Europa o para asesinar a los 50 líderes políticos más importantes de Irán -junto con cientos de civiles inocentes, niños incluidos en ataques que sabemos no fueron equivocaciones, sino medidas calculadas para mermar las resistencias del país- (veamos los reportes que muestran que los asesinatos de líderes políticos no se ha limitado al régimen, sino que ha incluido a las mayores figuras de la oposición de izquierda que existía en el país, muchos de los cuales estaban en la clandestinidad). Su utilización fue posible en las administraciones de Biden, de Obama, de Bush e incluso de la primera de Trump, pero no fue realizada ¿por qué sucede esto?
La respuesta no es una cuestión de voluntad o deseo, sino de inteligencia política. Todos los presidentes del pasado -el primer Trump incluido- han sabido que la desestabilización de estas zonas y los conflictos prolongados en ellos, implicarían un gasto demasiado grande comparado con los beneficios a largo plazo que podrían proporcionar a Estados Unidos.
El régimen multi polar del pasado, que continúa, cada día más famélico, hasta este momento, se ha basado en un cálculo de costo-beneficio donde las acciones demasiado “caras” no son realizadas. Libia fue un problema para el colonialismo europeo durante décadas, pero no fue atacado hasta que se dio un aumento en su área de influencia, porque eso disminuía los beneficios de mantener a su gobierno. Lo mismo que Irak, e igualmente, que todos los países colonizados por Francia y su brutal régimen que ahora amenaza al mundo con el invierno nuclear si no se hace lo que ellos dicen.
La razón entonces de hacer eso en este momento, viene de un cambio de las condiciones existentes, de los costos y las ganancias potenciales que esta acción conlleva. Cualquier persona sabe que este acto traerá consecuencias inmediatas en diferentes países, e igualmente, que existen muchos peligros potenciales que en el pasado, habrían servido como elementos disuasorios. Irán ha sido, desde hace décadas, uno de los elementos de contención para el islamismo sunita, mayoritario en la región, y ha servido igualmente para el control de las formas de nacionalismo interestatal (muchas de las cuales son profundamente legítimas). Estos elementos, junto con la contención de ciertas formas de terrorismo que podían ser reencauzados, habían servido como moneda de cambio para ellos. Nadie en EEUU ni en Europa cree en realidad que Irán tuviera o pudiera tener en el futuro inmediato armas de destrucción masiva relevantes para la guerra moderna, ni tampoco que las condiciones de vida de su población fueran tan terriblemente espantosas comparada con el resto del mundo, como para que eso fuera una justificación legítima para su destrucción.
El que este equilibrio se haya roto no se deriva de un cambio al interior de Irán. Tiene que ver, por el contrario, con las dificultades que el régimen de Donald Trump tiene en este momento para enfrentarse a las oposiciones internas y sus problemas económicos. Los aranceles fueron, se puede identificar, un esfuerzo desesperado para controlar los problemas inflacionarios internos y la ralentización de la producción/consumo en el país. Sin importar quien gobernara, y bajo qué discurso lo hiciera, nuestro vecino del norte se ha sustentado durante más de un siglo, en una forma de colonialismo internacional que subsidia a su población interna. Los altos salarios gringos, las tazas de ganancia extraordinarias en ese país, están pagadas por las manos esclavas del resto del mundo. Y esto ha cambiado lentamente, no porque esas manos dejen de ser esclavas, sino porque las nuevas formas de producción y distribución han llevado esas ganancias hacia otros países.
Igualmente, el gigantesco problema que ha significado discursivamente el asunto de la “lista Epstein” y su imposibilidad de legitimar el nativismo misógino como forma de construcción políticamente correcta para su país -y no, como normalmente funcionaba, como marco de construcción de ideas políticas que se decía le atacaban- ha llevado a que las próximas elecciones sean un infierno para su propia postura política.
En este sentido, como en otros lados del mundo -pensemos por ejemplo, en la guerra contra el narcotráfico de nuestro país- Trump realiza estas acciones no basado en principios solamente ideológicos o en una búsqueda de “justicia” o de respeto a los derechos humanos -no porque alguien pueda creer esto, sino porque es necesario decirlo en un escenario donde algunas personas fingen que creen en ello-. Esto es hecho por cuestiones más inmediatas: problemas económicos internos, necesidades inmediatas de recursos naturales, miedo de perder sus condiciones de poder.
Por eso, nadie puede verdaderamente, alegrarse por lo que ha pasado en estas semanas. Porque uno puede tener cualquier crítica hacia los gobiernos atacados… pero el mundo no es un partido de futbol. Es algo más complejo. Y estamos ante un momento de transformación que podría destruir millones de vidas.
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