Canterbury, Inglaterra.– La Iglesia de Inglaterra marcó un hecho sin precedentes al nombrar a Sarah Mullally como la primera mujer en asumir el cargo de arzobispa de Canterbury, la máxima autoridad dentro de esta confesión religiosa a nivel global.
La entronización se llevó a cabo en la catedral de Canterbury, donde Mullally asumió formalmente el liderazgo espiritual de la Iglesia anglicana, en un contexto de transformación interna y creciente debate sobre el papel de las mujeres en estructuras religiosas históricamente dominadas por hombres.
Con formación inicial como enfermera y una trayectoria consolidada dentro del ámbito eclesiástico, Mullally llega al cargo en un momento clave para la institución, que enfrenta presiones para avanzar en temas como la inclusión, la transparencia y la atención a problemáticas internas.
En su primer posicionamiento, planteó la necesidad de una Iglesia más cercana a las realidades sociales actuales, con énfasis en la justicia y el acompañamiento a sectores vulnerables, en línea con las demandas contemporáneas hacia las instituciones religiosas.
El nombramiento se da en el marco de cambios relativamente recientes dentro de la Iglesia anglicana, que en las últimas décadas ha permitido la ordenación de mujeres como sacerdotisas y su acceso progresivo a cargos de mayor jerarquía.
Más allá de su carácter simbólico, la llegada de Mullally al liderazgo anglicano representa un paso en la apertura de espacios dentro de una institución que busca adaptarse a nuevas realidades sociales, en medio de un debate global sobre igualdad de género y renovación de las estructuras tradicionales.













