La Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución histórica en la que reconoce la trata de esclavos africanos como “el crimen más grave contra la humanidad”, destacando su impacto profundo y duradero en la historia mundial. La decisión fue respaldada por 123 países, en una votación que también registró posturas encontradas entre distintas naciones.
El documento subraya que la esclavitud no solo fue un fenómeno del pasado, sino que sus consecuencias continúan presentes en la actualidad. En ese sentido, establece que se trató de un sistema marcado por su escala, brutalidad y carácter sistemático, cuyas secuelas persisten en forma de discriminación racial y desigualdades estructurales que aún afectan a millones de personas en distintas regiones del mundo.
El secretario general de la ONU, António Guterres, enfatizó la dimensión humana de este reconocimiento al señalar que “fue un crimen contra la humanidad que atacó el núcleo mismo de la condición humana, destruyó familias y devastó comunidades”, al tiempo que hizo un llamado a avanzar hacia la verdad, la justicia y la reparación.
La resolución fue impulsada por Ghana, cuyo presidente, John Mahama, acudió a la sede del organismo para respaldar la iniciativa. El mandatario ha promovido la discusión sobre mecanismos de reparación, planteando que el reconocimiento histórico debe ir acompañado de acciones que contribuyan a la justicia restaurativa.
Sin embargo, la votación también evidenció diferencias entre países. Estados Unidos, junto con Israel y Argentina, votaron en contra de la resolución. El embajador estadounidense, Dan Negrea, explicó que “no reconoce el derecho legal a reparaciones por daños históricos que no eran ilegales bajo el derecho internacional en la época”, argumentando preocupaciones jurídicas sobre el alcance del texto.
Más allá de las posturas divergentes, la resolución representa un paso significativo en el reconocimiento de una de las tragedias más profundas de la humanidad. Su aprobación abre un espacio de reflexión global sobre la memoria histórica, la justicia y la necesidad de construir sociedades más equitativas frente a las heridas que aún perduran.
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