El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, ha impulsado una estrategia para contrarrestar la narrativa internacional mediante el uso de influencers y campañas digitales, de acuerdo con un documento filtrado citado por el diario The Guardian. La iniciativa, coordinada desde el Departamento de Estado, busca posicionar mensajes favorables a Washington en distintos países.
El cable, atribuido al secretario de Estado Marco Rubio, instruye a embajadas y consulados a reclutar voces locales como académicos, líderes comunitarios e influencers, con el objetivo de difundir contenidos alineados con los intereses estadounidenses. La estrategia contempla que estos mensajes aparenten ser orgánicos, evitando su asociación directa con el gobierno estadounidense.
Además, el documento ordena utilizar la plataforma X como principal canal para estas acciones, así como coordinar esfuerzos con operaciones psicológicas militares del Pentágono, lo que revela un cruce entre diplomacia, comunicación digital y tácticas de influencia tradicionalmente utilizadas en contextos bélicos.
Especialistas advierten que esta política plantea serias dudas sobre la transparencia y el uso de propaganda encubierta, al intentar moldear la opinión pública internacional mediante actores aparentemente independientes. La estrategia también revive antecedentes de campañas similares, como el uso de cuentas falsas para influir en percepciones durante crisis sanitarias y conflictos internacionales.
El Departamento de Estado ha defendido estas acciones argumentando que buscan contrarrestar campañas “antiestadounidenses” y proteger la seguridad nacional. Sin embargo, críticos señalan que la administración Trump promueve una narrativa contradictoria, al denunciar desinformación mientras impulsa mecanismos que podrían replicar prácticas de manipulación informativa a escala global.
El plan también incluye ampliar la difusión de contenidos en distintos idiomas y reforzar la visibilidad de la ayuda internacional de Estados Unidos, lo que, según analistas, refuerza una estrategia de influencia que prioriza el posicionamiento político sobre la diplomacia tradicional. En este contexto, la política exterior estadounidense bajo Trump vuelve a ser cuestionada por su enfoque en el control narrativo y el uso de herramientas digitales como instrumentos de poder.
Foto: Redes













