Comunistas en Irak enfrentan el sistema político sectario y buscan una alternativa ciudadana

Nuevas élites enriquecidas por corrupción y amplios sectores marginados configuran un escenario desigual que limita la organización política.

El Partido Comunista de Irak (PCI) mantiene presencia en la escena política pese a décadas de represión y debilitamiento estructural. Su secretario general, Ra’id Fahmi, sostiene que el principal desafío del país es superar el sistema político sectario instaurado tras la invasión de 2003, al que responsabiliza de la fragmentación institucional y la corrupción.

Durante una entrevista, Fahmi explicó que el modelo político vigente se construyó sobre una división étnico-sectaria del poder, consolidada tras la ocupación encabezada por Estados Unidos. Según el dirigente, este esquema impide la construcción de una identidad nacional común y fomenta prácticas clientelares que priorizan intereses particulares sobre el bienestar colectivo.

“El proceso político fue diseñado como un sistema divisivo”, afirmó Fahmi, al señalar que los partidos dominantes carecen de proyectos ideológicos sólidos y recurren al sectarismo como herramienta electoral, especialmente en coyunturas de votación.

En ese contexto, el PCI plantea como alternativa la construcción de un Estado civil democrático basado en la ciudadanía y la justicia social, frente a un modelo económico rentista dependiente del petróleo. Fahmi advirtió que la disputa política gira en torno al reparto de ingresos petroleros, lo que refuerza tanto el sectarismo como la corrupción estructural.

El dirigente también destacó la complejidad social del Irak contemporáneo, donde nuevas élites económicas han emergido a partir de redes de corrupción y acceso a recursos estatales, mientras amplios sectores —incluyendo jóvenes y trabajadores informales— permanecen marginados. Esta fragmentación dificulta la organización política y favorece discursos populistas y religiosos.

Ante este panorama, el PCI reconoce que el cambio estructural no será inmediato. “El cambio requiere presión popular y aprovechar el fracaso del sistema para garantizar servicios básicos”, sostuvo Fahmi, subrayando la necesidad de articular estrategias tanto dentro como fuera de las instituciones.

Sobre su participación en el Consejo de Gobierno tras la invasión de 2003, Fahmi defendió la decisión como una medida pragmática en un contexto de colapso estatal. Afirmó que el partido buscó contribuir a la estabilidad y evitar su marginación política, aunque reconoció que el balance de esa etapa sigue siendo objeto de evaluación interna.

En el plano social, el dirigente señaló que la transformación urbana, la expansión de corrientes religiosas y el debilitamiento del tejido cívico han modificado las bases tradicionales de apoyo de la izquierda. Las estructuras tribales y sectarias continúan influyendo en la vida política, dificultando la consolidación de proyectos progresistas.

Finalmente, Fahmi criticó el modelo económico vigente, caracterizado por alta dependencia del petróleo, expansión del empleo público como mecanismo clientelar y ausencia de impuestos progresivos. Denunció además prácticas de corrupción sistemática en la asignación presupuestaria y advirtió que las políticas actuales trasladan el costo económico a la población.

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Fotografía: Hadi Mizban

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