El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró que Donald Trump no aceptará un acuerdo desfavorable con Irán, en medio de negociaciones marcadas por la presión de Washington sobre Teherán y por el intento de presentar la postura estadounidense como una vía diplomática firme. Desde Nueva Delhi, donde realiza una visita oficial, el funcionario afirmó que el proceso sigue abierto porque el gobierno iraní aún no entrega una respuesta definitiva.
Rubio explicó que la administración Trump ya colocó sobre la mesa una propuesta que, según Washington, permitiría desbloquear el paso marítimo en los estrechos e iniciar una negociación acotada sobre el programa nuclear iraní. Aunque evitó hablar de un fracaso en las conversaciones, sostuvo que el avance depende de los tiempos internos de Irán, país al que Estados Unidos responsabiliza de retrasar una definición.
El mensaje del secretario de Estado también buscó responder a las críticas dentro del propio Partido Republicano, donde algunos legisladores han cuestionado el borrador del acuerdo. Rubio defendió que la propuesta cuenta con respaldo de gobiernos del Golfo y de otros actores internacionales, en un intento por mostrar que la estrategia de Trump no se encuentra aislada, pese a las dudas que genera incluso entre sus aliados políticos.
Sin embargo, el discurso de Washington mantiene una lógica de presión sobre Irán, al vincular las negociaciones nucleares con la seguridad regional y con el control de rutas estratégicas. En ese marco, la administración Trump intenta combinar diplomacia con advertencias, mientras insiste en que no firmará un acuerdo que pueda ser leído como una concesión política frente a Teherán.
Rubio también separó las negociaciones con Irán del conflicto en Líbano, donde Estados Unidos respalda al gobierno libanés y acusa a Hezbollah de buscar desestabilizar al país. El funcionario señaló que ese frente se atiende por una vía distinta, bajo un alto el fuego temporal y con contactos entre las autoridades de Líbano e Israel, aunque Washington mantiene su narrativa de responsabilizar al grupo chiita como principal factor de tensión.
La postura estadounidense vuelve a colocar a Irán y a sus aliados regionales en el centro de la política exterior de Trump. Mientras Rubio defiende un acuerdo “firme”, la estrategia de Washington combina negociación, sanciones políticas y presión discursiva, lo que mantiene abierto el riesgo de que una salida diplomática quede condicionada por la agenda interna de Estados Unidos y por su disputa de influencia en Medio Oriente.
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