La presidenta Claudia Sheinbaum rechazó los comentarios del conductor argentino Eduardo Feinmann contra México y los mexicanos, luego de que el comunicador minimizara el triunfo de la Selección Mexicana frente a Ecuador en el Mundial 2026. Durante su conferencia matutina, la mandataria sostuvo que las expresiones del periodista no solo buscaron desacreditar al equipo nacional, sino también alimentar un discurso de desprecio hacia el país.
Sheinbaum calificó como indignantes los dichos de Feinmann y lo presentó como un personaje cercano a sectores de la derecha mexicana, particularmente por la difusión que figuras opositoras dieron a sus mensajes en redes sociales. La presidenta afirmó que el conductor argentino no solo atacó a la afición mexicana, sino que intentó colocar una narrativa falsa alrededor del partido entre México y Ecuador.
Uno de los puntos señalados por la mandataria fue la versión difundida por Feinmann sobre supuestas amenazas contra la selección ecuatoriana, argumento que, de acuerdo con Sheinbaum, carecía de sustento y fue desmentido por el propio equipo de Ecuador. La presidenta cuestionó que esa versión fuera compartida por Ricardo Salinas Pliego, al considerar que con ello se intentó dar apariencia de veracidad a una acusación sin pruebas.
La crítica de Sheinbaum también apuntó contra la derecha mexicana por amplificar el discurso de un comunicador que expresó rechazo hacia los mexicanos, lo que, desde su lectura, exhibe el tipo de alianzas y referentes que algunos sectores opositores deciden respaldar. La mandataria sostuvo que no se trataba únicamente de una declaración ofensiva, sino de una muestra del desprecio con el que ciertos grupos políticos miran al pueblo de México.
El episodio también se cruzó con la situación financiera de TV Azteca, luego de que la televisora de Salinas Pliego entrara formalmente a concurso mercantil, proceso que abrió una etapa de conciliación para atender sus obligaciones de pago. Sheinbaum mencionó este contexto como una referencia adicional al hablar del empresario, aunque centró su respuesta en la defensa de México frente a los insultos y señalamientos difundidos desde el exterior.
La presidenta cerró su postura al afirmar que quien no respeta a México ni a su pueblo difícilmente puede tener respaldo social, y defendió la dignidad histórica de las y los mexicanos. En medio de la polémica, el caso colocó nuevamente sobre la mesa el uso político del futbol, las redes sociales y los discursos de odio que la derecha regional suele amplificar cuando se trata de atacar al gobierno mexicano o desacreditar al país.
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