Irán acusó a Estados Unidos e Israel de lanzar un proyectil contra una base militar ubicada en las afueras de Bushehr, ciudad que alberga la única central nuclear en funcionamiento del país. Medios estatales iraníes también informaron sobre explosiones en distintas localidades del sur durante las primeras horas del viernes. La cercanía del ataque con infraestructura nuclear aumentó el riesgo de una escalada con consecuencias ambientales, militares y políticas para toda la región.
Un funcionario estadounidense negó que Washington hubiera ejecutado operaciones recientes y sostuvo que la administración de Donald Trump mantiene abiertas las negociaciones técnicas con Teherán. Sin embargo, el discurso diplomático de la Casa Blanca contrasta con los bombardeos realizados días antes por Estados Unidos contra múltiples objetivos dentro de Irán, los cuales dejaron víctimas y daños en infraestructura estratégica como parte de una ofensiva coordinada con Israel.
Los ataques reportados también alcanzaron la zona naval de Konarak, en la provincia de Sistán y Baluchistán, así como un puente ferroviario que conecta el norte iraní con rutas hacia China y Rusia. En respuesta, Irán lanzó misiles y drones contra instalaciones militares estadounidenses en Kuwait, Baréin, Qatar y Jordania. El intercambio de ofensivas debilitó el memorando que había frenado temporalmente las hostilidades y amplió el conflicto hacia otros países de Medio Oriente.
La disputa se trasladó además al estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte mundial de petróleo. Teherán acusó a Estados Unidos de obstaculizar la reapertura gradual de la vía mediante operaciones militares y desvíos de navegación, mientras Washington rechazó que Irán tenga control sobre el paso. La intervención estadounidense mantiene bajo presión una zona clave para el comercio energético internacional y amenaza con generar nuevas afectaciones económicas.
En medio de la escalada, Trump sostuvo una conversación con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para revisar las operaciones estadounidenses en el golfo Pérsico y mantener la coordinación entre ambos gobiernos. Israel advirtió que está preparado para retomar sus ataques con mayor fuerza y difundió información del Mossad sobre un supuesto plan iraní para asesinar al mandatario estadounidense. La acusación fue utilizada para endurecer el discurso contra Teherán, aunque no se presentaron pruebas públicas que permitieran verificarla.
La tensión coincidió con el sepelio del ayatolá Ali Jamenei en Mashhad, donde miles de personas expresaron su rechazo a Washington y al gobierno de Trump. Qatar, Pakistán y otros mediadores regionales buscan reactivar las conversaciones sobre un acuerdo nuclear, pero la ofensiva militar impulsada por Estados Unidos e Israel mantiene abierta la posibilidad de una guerra más extensa, pese a que la Casa Blanca insiste en presentarse como promotora del diálogo.
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