El principal tema con Argentina es que los ojos del mundo están atentos a su presidente de ultraderecha que ofende y agrede, que se alinea con Donald Trump y con el gobierno de Israel y que vende sus tierras al mejor postor.
Mientras el mundo observa con indignación la tragedia humanitaria en Gaza donde miles de civiles, incluidas niñas y niños han perdido la vida, Javier Milei ha respaldado políticamente al gobierno sionista. Ese posicionamiento tiene implicaciones políticas que trascienden las fronteras argentinas y forman parte de una creciente polarización global.
En lo deportivo, tampoco puede dejar de mencionarse la participación de Argentina en el Mundial que quedó marcada por decisiones arbitrales cuestionadas, acusaciones de favoritismo, episodios de violencia dentro de la cancha y conductas racistas de algunos sectores de su afición que fueron ampliamente señaladas.
Pero es importante separar al pueblo de su gobierno. En México hay un enorme cariño por Argentina, admiramos a figuras como el Che Guevara, Diego Armando Maradona y Borges, reconocemos el enorme aporte cultural, político y deportivo de millones de argentinos. Precisamente por ese respeto, la crítica no es contra el pueblo argentino sino contra un proyecto político que, en un contexto de reconfiguración del orden internacional y de creciente polarización, representa un peligro para América Latina.












