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Brasil contra el imperio

Brasil no es un actor secundario: es la principal economía de la región, integrante de los BRICS

El manual de intervención de Estados Unidos en América Latina y el Caribe continúa siendo reeditado, pero esta vez el objetivo es diferente. Washington ha puesto la mira sobre Brasil, el gigante del Sur, y se ha encontrado con algo que no esperaba: una respuesta soberana.

La tensión comenzó a escalar en 2025, cuando Donald Trump vinculó abiertamente sus medidas comerciales contra Brasil con el proceso judicial contra Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado. La presión llegó desde el propio bolsonarismo: sus hijos buscaron respaldo en Washington mientras Estados Unidos avanzaba con sanciones y restricciones contra autoridades brasileñas.

Brasil volvió a marcar un límite: sus elecciones las organiza Brasil

El mensaje era peligroso: convertir una decisión de la justicia brasileña en un asunto de política exterior estadounidense.

Pero Brasil respondió.

Frente a la ofensiva arancelaria, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva calificó las medidas como arbitrarias e injustificadas y recurrió a mecanismos de reciprocidad y defensa comercial. Brasil no aceptaría negociar su autonomía bajo amenaza.

La presión pronto dejó de ser exclusivamente económica. Estados Unidos designó al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho (CV) como organizaciones terroristas, ampliando sus herramientas de persecución financiera y actuación internacional. Para Brasilia, la lucha contra el crimen organizado no puede convertirse en una excusa para vulnerar la soberanía de otro Estado.

Pero el momento más delicado llegó a las puertas de las elecciones presidenciales de octubre.

Brasil no es un actor secundario: es la principal economía de la región, integrante de los BRICS

El 25 de julio, Brasil negó visas a dos funcionarios del Departamento de Estado que pretendían reunirse con autoridades electorales para discutir cuestiones relacionadas con el proceso electoral. Desde Brasilia se interpretó la misión como un riesgo de instrumentalización política y un intento de cuestionar el sistema electoral brasileño.

Brasil volvió a marcar un límite: sus elecciones las organiza Brasil.

Washington respondió revocando la visa de la embajadora brasileña en Estados Unidos, Maria Luiza Ribeiro Viotti, profundizando una crisis diplomática que ya trasciende cualquier diferencia comercial.

La disputa permite observar una diferencia fundamental respecto a otros episodios de presión estadounidense en América Latina. Brasil no es un actor secundario: es la principal economía de la región, integrante de los BRICS y una potencia con capacidad diplomática, económica y geopolítica para responder. Y eso cambia las reglas.

Brasil, en cambio, comienza a escribir el suyo: reciprocidad frente a las amenazas, autonomía frente a las presiones y soberanía frente a cualquier intento de intervención

Porque la soberanía no consiste únicamente en levantar una bandera o pronunciar discursos patrióticos. También significa defender las instituciones, controlar el territorio y decidir sin tutelajes externos cómo se desarrollan los procesos políticos de un país.

Estados Unidos parece desempolvar un viejo manual de presión sobre América Latina. Brasil, en cambio, comienza a escribir el suyo: reciprocidad frente a las amenazas, autonomía frente a las presiones y soberanía frente a cualquier intento de intervención.

El gigante del Sur ha enviado un mensaje que trasciende sus fronteras: América Latina puede relacionarse con Estados Unidos, pero no tiene por qué obedecerlo.

Fotografía: Diario Red

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