ColumnasSociedad

PISA 2025: entre mentiras y nuevas tecnologías

La semana fue dado a conocer el informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes -PISA por sus siglas en inglés- correspondiente al año 2025. Como su nombre lo indica, se trata de un mecanismo internacional de medición de conocimientos y habilidades escolares, que mediante una prueba estandarizada, se aplica a estudiantes de quince años para comprobar su desarrollo en lectura, matemáticas y ciencias, que se realiza cada tres años (en 2021 fue recorrido un año por la pandemia) desde el año 2000.  

Varias voces de la oposición insisten en mostrar la leve disminución en habilidades matemáticas que México tuvo respecto a las evaluaciones anteriores, como un fracaso de las administraciones de Morena y en particular de la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM), mintiendo incluso sobre una caída “estrepitosa” en todos los ámbitos.Esto es, sin embargo, un sinsentido por al menos, dos razones. La primera, directa y más importante, es que el primer plan de estudios que aplicó este modelo pedagógico todavía no cumple el ciclo necesario para ser evaluado en esta prueba. Esto significa que la generación que comenzó a ser educada mediante este modelo, no tiene todavía la edad para ser evaluado en la prueba.

Es posible, incluso podría decir, deseable, tener críticas hacia la NEM. Nadie, ni siquiera su más férreo defensor, podría pensar que se trata de un modelo absolutamente infalible y eterno. La práctica pedagógica en los salones ha nutrido ya, para este momento, de información sobre cómo mejorar algunos elementos y las modificaciones están ya programadas para establecerse en el futuro inmediato. Es lo normal. Estas modificaciones tendrán, igualmente, que pasar por las aulas y sólo en ellas, es que se verá su idoneidad y las necesidades de sus alteraciones posteriores. Para lograr, sin embargo, que esto se traduzca en una mejora real, es necesario realizar una crítica adecuada a lo que sucede y no, como está sucediendo ahora, confundir los deseos personales con la realidad.

La segunda razón por la cual resulta incorrecto indicar que existe una correlación directa -incluso causal- entre las acciones de las administraciones de AMLO y CSP, y la caída en matemáticas o el “estancamiento” en lectura en la prueba (o bien de la mejora en ciencias, que era el elemento central de la valoración del presente año), es que se trata de un fenómeno global. No es, como algunas personas intentan descartar el argumento, que se diga que es un “mal de muchos” y que por lo tanto no es culpa de nadie, sino de algo totalmente distinto: hubo una tendencia internacional muy extendida en este aspecto y como tal, debemos preocuparnos de que esto suceda como fenómeno global y no focalizado a un solo país, porque abordar este problema como si México fuera un espacio excepcional, cerrado y alejado de la realidad de otros países, llevaría necesariamente a una comprensión incompleta del problema. Cualquier proceso de mejora educativa debe partir, necesariamente, de un diagnóstico adecuado y esto incluye, claramente, entender la información en su contexto local, regional y global.

En estos momentos, carecemos todavía de datos validados que nos puedan indicar las causas reales de la disminución en capacidad de lecto-escritura y de razonamiento matemático de nuestros jóvenes, aunque existen algunos indicios e intuiciones que pueden resultar útiles para tratar de construir una hipótesis. El primer elemento a tomar en consideración, es que quienes son ahora evaluados son la segunda generación que realizó parte de sus estudios formales en la época de la pandemia y que, por ello, los han realizado durante estos años, bajo una nueva relación con los instrumentos informáticos. Existe información comprobada que nos muestra que la escritura manual activa partes del cerebro distintas a las que realiza el movimiento mecánico del teclado o el teléfono, y que esa diferencia genera un impacto significativo en la memoria, el aprendizaje e incluso el raciocinio. Esta diferencia existe incluso entre la escritura en métodos tradicionales y plumas electrónicas con aparatos de recepción electrónica, debido a la resistencia del papel y la textura del movimiento. En ambos casos, tenemos que tomar igualmente en consideración la diferencia que implica la velocidad, mucho más reducida, de la escritura a mano, que permite -y necesita- un razonamiento estructurado de temporalidad larga. Es el equivalente, en escritura y aprendizaje, de apagar la música cuando vamos a estacionarnos. 

Esto no debe leerse como una crítica simplista contra la tecnología que diga que se trata de algo “malo” en sí mismo. Pero si un cuestionamiento que abre una serie de preguntas incómodas. Después de todo, las escuelas de las élites del mundo -como el caso de Eton College, el internado donde estudiaron los príncipes de Inglaterra y generaciones de nobleza británica, o el Institut Le Rosey, en Suiza -donde estudia la élite de la realeza de Europa y Asia-, combinan una política hiper restrictiva de utilización de estas herramientas en los procesos cotidianos de enseñanza-aprendizaje, con fuertes actividades de habilidades tecnológicas, que incluyen programación y robótica. De la misma forma, Waldorf School of the Peninsula, la escuela a la que asisten los hijos de los grandes ejecutivos de Silicon Valley -el espacio por excelencia del desarrollo tecnológico en el mundo occidental- tiene una prohibición total para la utilización de pantallas de cualquier tipo en sus instalaciones, aconsejando a los padres a continuar con esta política incluso en casa.

Considero que nadie podría acusar a estas escuelas o a las personas que en ellas enseñan, de primitivistas, o bien de tener miedo porque “no saben de lo que hablan”. Las computadoras, los teléfonos inteligentes, las tablets y el resto de aparatos tecnológicos que tenemos en la actualidad, son herramientas espectaculares que potencian las posibilidades de nuestro esfuerzo intelectual, a nivel colectivo tanto como individual. Pero su uso en la etapa formativa, es el equivalente -se lo intento decir siempre a mis estudiantes- de llevar un gato hidráulico al gimnasio y utilizarlo para levantar las pesas. El proceso escolar de construcción de conocimientos significativo, requiere intercambio. Alimentación. A veces incluso incomodidad y frustración, para existir, de la misma forma que la creación de músculo requiere sudor, incomodidad, dolor y esfuerzo.

A lo largo de los años -y aquí se coloca ya un elemento totalmente anecdótico, sin sustento empírico comprobable para su generalización- he podido ver una mejora constante en la capacidad técnica de lectura de las y los estudiantes. Nuestras generaciones aprendieron con la lectura como un elemento ajeno, para algunos casi exclusivamente escolar. La comunicación oral era el centro de nuestra socialización y eso nos permite, incluso ahora, aprovechar esa ventaja para los nuevos procesos de construcción de comunidad. A medida que la tecnología avanzó, la escritura de mensajes, su lectura, fue generando una mucho mayor centralidad de esta forma de comunicación y con ello, de las posibilidades inmediatas de leer y escribir, incluso palabras que resultaban nuevas. Y eso benefició a las generaciones siguientes. Pero el medio importa, y ello desarrolló un problema paralelo: aunque las nuevas generaciones son capaces de escribir y leer mejor en mi salón, su memoria sobre lo que leyeron -e incluso sobre lo que escribieron- es prácticamente inexistente.

Muchas otras causas podrían encontrarse en este problema, pero ninguno, debe quedar claro, pasa por la Nueva Escuela Mexicana. Sobre ella, en un futuro, tendremos opiniones y datos para sustentarlas, pero mientras esto no suceda, centrémonos en lo que si tenemos: el cambio de nuestra relación con la tecnología, está generando un problema social complejo porque no se acompaña de una adecuada aproximación en los procesos de enseñanza aprendizaje. Y esto, se está notando ya, a pasos agigantados…

Recuerda suscribirte a nuestro boletín

📲 https://bit.ly/3tgVlS0
💬 https://t.me/ciudadanomx