Diario RedPolítica

La “derechización” de la juventud es un relato (y poco más)

¿Es cierto que en países como Francia la juventud se ha vuelto de extrema derecha?

Hay afirmaciones que, por ser repetidas, acaban adquiriendo la consistencia de un hecho. La idea de que la juventud en países como Francia se ha vuelto de derechas pertenece a esa categoría. Se ha instalado en el debate europeo como un lugar común, se cita en tertulias y editoriales, y ha terminado por funcionar como una suerte de sentido común que apenas requiere demostración.

El problema es que, cuando se examinan los datos con un mínimo de rigor, la afirmación se sostiene solo a condición de recortar el objeto de análisis hasta hacerlo irreconocible: tomar una parte del electorado joven, la que efectivamente ha virado hacia la extrema derecha, y proyectarla sobre el conjunto de una generación que, mirada en toda su diversidad de género, clase, origen y religión, sigue mayoritariamente otras coordenadas.

Miremos, en efecto, el caso francés. En las elecciones legislativas de 2024, el Rassemblement National obtuvo un 25 % del voto de los 18 a 24 años, frente al apenas 12 % que había conseguido en 2022. Es un avance notable, y negarlo sería tan imprudente como convertirlo en la prueba de una tendencia general.

Porque en esa misma primera vuelta, el Nuevo Frente Popular alcanzó alrededor del 42 % entre los 18-24 años, 17 puntos más que el RN. El crecimiento de la extrema derecha entre los jóvenes existe y merece atención. Lo que no se sostiene es la operación pseudointelectual que lo eleva a categoría general y lo aplica a toda la juventud.

La juventud no desapareció de la política, sino que, de hecho, fue a votar masivamente cuando percibió que estaba en juego una posible victoria de la extrema derecha.

En las elecciones europeas de 2024, La Francia Insumisa llegaba al 19 % de las intenciones de voto entre los 18-24 años y los Verdes, a un 16 %. El retrato que se ajusta a los datos es el de una generación atravesada por una fractura interna: una parte muy específica, concentrada en jóvenes hombres blancos de clase media, se ha desplazado hacia la extrema derecha, mientras una parte bastante más grande se sitúa hoy en posiciones nítidamente de izquierdas, en La Francia Insumisa, los ecologistas y el resto del bloque progresista.

Hay un segundo dato que desmonta la tesis por una vía distinta, y que suele quedar fuera del relato. En 2022, votó el 29 % de los jóvenes de 18 a 24 años en la primera vuelta de las legislativas. En 2024, votó el 58 %. La juventud no desapareció de la política, sino que, de hecho, fue a votar masivamente cuando percibió que estaba en juego una posible victoria de la extrema derecha. Ese incremento de la participación, casi el doble en dos años, no encaja con la imagen de una generación que se habría desplazado ideológicamente hacia la extrema derecha. Encaja mejor con la de una generación que se ha movilizado contra esa posibilidad.

El tejido organizativo de las universidades también confirma esa lectura. En 2024, la Union Étudiante, una organización de izquierda, consiguió 64 representantes en las elecciones de los CROUS, los centros regionales de obras universitarias y escolares que gestionan la vida estudiantil. La Cocarde, organización estudiantil de extrema derecha, presentó listas en trece CROUS y no obtuvo ni un solo escaño.

La tesis de la derechización juvenil permite presentar el avance de la extrema derecha como una marea inevitable.

Ese mismo año, los campus franceses vivieron ocupaciones, bloqueos y manifestaciones estudiantiles en apoyo a Palestina, con cientos de estudiantes movilizados en Sciences Po, la Sorbona y otros centros, y con sindicatos de izquierda como la UNEF y la Union Étudiante entre los principales organizadores. Fuera de las universidades, las movilizaciones contra la extrema derecha del 15 de junio de 2024 reunieron a unas 250.000 personas según la policía y 640.000 según la CGT, en casi 200 concentraciones. La capacidad de convocatoria de la izquierda juvenil y estudiantil no se mide solo en votos, sino también en esa presencia sostenida en las calles y en los campus.

La tesis de la derechización juvenil cumple una función que excede el diagnóstico electoral. Permite presentar el avance de la extrema derecha como una marea inevitable, una suerte de destino generacional ante el que no habría respuesta posible, y en ese gesto se naturaliza lo que en realidad es un fenómeno parcial y disputado. Logra, en algunos casos, frustrar y desmovilizar a la izquierda.

Los datos de 2024 muestran lo contrario: que ese avance se concentra en un segmento concreto y que la respuesta mayoritaria de la juventud francesa ha sido la movilización en sentido contrario. La pregunta que queda abierta no es si la extrema derecha ha ganado terreno entre los jóvenes, porque lo ha hecho, sino si ese terreno seguirá expandiéndose cuando el riesgo percibido disminuya, o si la desmovilización acabará convirtiendo el mantra en una profecía autocumplida. De lo que depende esa respuesta es de la capacidad de las organizaciones políticas y sociales para sostener la movilización más allá del momento de peligro.

Fotografía: Diario Red

Recuerda suscribirte a nuestro boletín

📲 https://bit.ly/3tgVlS0
💬 https://t.me/ciudadanomx