Las encuestas auguraban un giro en las dos cámaras, el Senado y la Cámara de Representantes, a favor de los demócratas, pero lo relevante es la manera en la que se ha producido, mandando un claro mensaje de rechazo de gran parte de la población al Ejecutivo estadounidense dirigido por Donald Trump. Dos años después de la clamorosa derrota de Kamala Harris, los azules han recuperado el control de ambas cámaras con un margen bastante amplio en la Cámara Baja y muy contundente en la alta.
Este vuelco en las urnas se encuadra dentro de un proceso de cambio que venía dándose desde hace un año a nivel local y que, poco a poco, ha ido escalando hasta tener un alcance nacional. La derrota de los republicanos es un mensaje a la Casa Blanca de que hay una mayoría en las urnas que rechaza enormemente el giro realizado por la Administración Trump en lo que va de 2026 y que puede ser el anticipo de lo que ocurra exactamente en 735 días.
El Partido Demócrata logra así una victoria que le otorga tanto impulso moral como legal para llevar a cabo una política de confrontación institucional que le tuerza el brazo como medida de desgaste progresivo. En un momento de inflación galopante, de rechazo generalizado a la guerra y con un empeoramiento generalizado de las condiciones materiales de la clase obrera, la población estadounidense se ha movilizado para responder en las urnas ante eso. De hecho, el triunfo de los Dems en Texas para el Senado y para gobernadora es un síntoma de que algo puede estar cambiando en uno de los más importantes feudos de los republicanos.
Los demócratas deberán no solo tejer un proyecto de futuro que se diferencie notablemente del trumpismo, sino también definir quién será la cara que se mida a los republicanos en las urnas.
El reto más importante para los demócratas viene ahora, pues hasta este momento solo han tenido que esperar pacientemente y aglutinar ese desencanto generalizado. De aquí a 2028 deberán no solo tejer un proyecto de futuro que se diferencie notablemente del trumpismo, sino también definir quién será la cara que se mida a los republicanos en las urnas.
La ofensiva institucional
La mayoría en ambos hemiciclos va a permitir a los demócratas poder responder institucionalmente ante las medidas promulgadas desde la Casa Blanca. En particular, la victoria en el Senado garantiza que puedan bloquear las medidas que Trump impulse de aquí a que concluya su mandato.
Esto se debe a que esta cámara tiene la capacidad de aprobar cualquier ley federal, así como sancionar nombramientos del Ejecutivo para cargos judiciales. Mientras, sobre la Cámara de Representantes recae buena parte del poder legislativo para impulsar leyes, aprobar presupuestos y, junto al Senado, iniciar el proceso de destitución, es decir, el impeachment hacia el presidente.
Los azules se van a quedar a las puertas de tener dos tercios del Senado (67).
Esto último puede ser muy importante en estos dos años que se vienen. Más por una cuestión de imagen y de impacto público que por una posibilidad real de que ocurra. No obstante, a diferencia de los dos intentos previos en 2019 y 2021, ahora los demócratas contarán con mayoría en los dos hemiciclos, aspecto clave para llevar a cabo dicho proceso. A falta de que los resultados sean definitivos, los azules se van a quedar a las puertas de tener dos tercios del Senado (67), algo esencial para completar el proceso. En cualquier caso, lo relevante para los intereses de los demócratas se encuentra más en el desgaste que este juicio político pueda tener que en el desenlace final.
En lo inmediato, los azules podrán iniciar una importante campaña legislativa que sirva como contrapeso a un Ejecutivo que no solo no ha cumplido con su plan electoral, sino que ha metido al país en una guerra que desangra el bolsillo de los estadounidenses. Lo esperable es que Trump use una y otra vez su poder de veto para impedir que dichas resoluciones aprobadas por el Poder Legislativo lleguen a buen término, lastrando más su imagen y reforzando a los demócratas.
El camino hasta 2028 para los demócratas
La interna del Partido Demócrata va a ser el otro gran tema a seguir en los más de 700 días que quedan hasta el 7 de noviembre de 2028. El triunfo de Mamdani en la alcaldía de Nueva York fue un detonante en el crecimiento del ala izquierda de los azules, impulsando otras candidaturas de los socialistas democráticos en el Senado, la Cámara y a las gubernaturas.
En el Senado emerge el nombre de Abdul El-Sayed por Míchigan, convirtiéndose de paso en el primer senador musulmán de la historia del país.
Los resultados de las urnas han impulsado a cinco candidatos del DSA a la Cámara de Representantes, con Darializa Ávila Chevalier y Claire Valdez por Nueva York, Melat Kiros en Colorado, Donavan McKinney por Míchigan y, finalmente, Chris Rabb por Pensilvania, sumándose a Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib. Mientras que en el Senado emerge el nombre de Abdul El-Sayed por Míchigan, convirtiéndose de paso en el primer senador musulmán de la historia del país.
Los socialistas democráticos salen realmente reforzados de estos comicios y se espera que puedan seguir creciendo y presionando como una de las tendencias del partido. Un aspecto crucial tanto por la posibilidad de ganar las primarias como de condicionar el programa y los temas a tratar en la precampaña. Además, refuerza la idea de que hay una creciente mayoría en la sociedad estadounidense que vería con buenos ojos ese particular giro a la izquierda de los azules.
El Partido Demócrata no va a poder seguir haciendo oídos sordos a lo que está sucediendo en sus filas y, por mucho que Harris o Newsom partan como los favoritos ahora mismo, no van a tener un trayecto sencillo si quieren conseguir la nominación para 2028. Y no es descartable en absoluto que tanto Ocasio-Cortez como Jon Ossoff puedan salir vencedores de las primarias.
Fotografía: Diario Red












