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Cerimedo y el delito de criar bots

El caso Cerimedo sigue caliente. Pasan los días y los nexos del marketero con gobiernos recién electos quedan más y más al descubierto. La cobija no alcanza para tapar a todos. Una cloaca de complicidades fue destapada y no precisamente con ayuda del periodismo. Los casos de Keiko Fujimori en Perú, Abelardo de la Espriella en Colombia y José Antonio Kast en Chile son muestra de que son las oposiciones quienes atizan la llama de la rendición de cuentas. 

A contracorriente de este espíritu combativo, los grandes medios corporativos cercanos al oficialismo, como el grupo Mercurio (Chile), intentan enterrar la trama. El fraude electoral, el desvío de recursos y la interferencia de gobiernos extranjeros no son noticia para quienes cobran de los gobiernos hoy bajo escrutinio. Raro sería que el perro muerda la mano que da de comer.

El caso Cerimedo fue ventilado por una combinación de hechos atípicos. Sin el intento fallido de feminicidio, Nadia Beller seguiría honrando la omertá. Y sin el conflicto entre el presidente y el vicepresidente de Bolivia, Cerimedo habría logrado la fuga o conseguido una liberación expedita. Con un poco de mala suerte, el silencio habría ganado. Un cisne negro destapó una cloaca donde el periodismo tradicional juega un rol cercano a la complicidad. ¿Acaso el papel protagónico de La Derecha Diario prescribe también al perro no comer perro?

Sin esperar mucho de los supuestos cancerberos de la democracia, hoy de conveniente siesta, algunos legisladores avispados buscan sentar precedentes. Su primer paso firme fue crear una comisión especial para investigar la trama Cerimedo. Sin vacilar ante el aliento aún cálido de la bestia, el Congreso aprobó indagar si hubo manipulación de la opinión pública en las elecciones presidenciales y plebiscitos. Los diputados sospechan que el rey de los bots acompañó a Kast en cada paso hacia la Moneda. Alertados por fotografías que comprometen al presidente, quien desconoció al marketero argentino, las fuerzas de derechas intentaron tumbar la iniciativa mediante un vacío de quórum, aunque el progresismo triunfó en una segunda votación bajo la consigna “quien nada debe, nada teme”. 

“El fraude electoral, el desvío de recursos y la interferencia de gobiernos extranjeros no son noticia para quienes cobran de los gobiernos hoy bajo escrutinio”.

En paralelo, la oposición chilena busca tipificar el delito de engendrar bots para manipular elecciones. El diputado Jaime Bassa (Frente Amplio) presentó un proyecto que busca incorporar una nueva infracción a la Ley 21.459 que permita perseguir de manera específica la manipulación coordinada del debate público mediante cuentas falsas o automatizadas. La iniciativa contempla penas de presidio menor en grado medio a máximo. Además, estipula una multa equivalente al doble del valor de los dispositivos o servicios digitales contratados. 

El delito de fundar granjas de bots tiene agravantes. En el caso de la iniciativa chilena, uno sería la manipulación digital con fines de lucro. Casos de difamación coordinada también conllevarían una sanción mayor que el simple inflado de trending topics. No obstante, el proyecto queda corto en distinguir el origen de los recursos (follow the money). En la geopolítica actual, el financiamiento electoral proveniente del extranjero, en particular de gobiernos —sea Rusia, Estados Unidos o Israel— son candidatos naturales a las más altas sanciones penales. 

Los apóstoles de Trump en América Latina negaron a Cerimedo más rápido de lo que tardó Pedro en escuchar cantar al gallo. Buscan acallar las protestas de quienes padecieron en el gobierno la difamación y las intimidaciones de Washington. Dejado a su suerte, el progresismo toma nota del vacío. Quienes ayer pusieron la lupa sobre Cerimedo hoy bailan al ritmo lento de la Casa Blanca, despreocupada como en el HondurasGate. Arquetipo de las conveniencias, el diario The Economist publicó en diciembre de 2025 un artículo sobre el estratega digital preso en Bolivia, donde lo llamó “el hombre de MAGA en América Latina” y trazó sus vínculos a Brad Parscale, jefe de campaña de Trump. Como otros medios anglosajones y latinoamericanos, la revista guarda un sospechoso silencio en plena marejada de indignación. De otros hombres y mujeres depende desnudar al rey Midas de la manipulación digital.

“Los apóstoles de Trump en América Latina negaron a Cerimedo más rápido de lo que tardó Pedro en escuchar cantar al gallo. Buscan acallar las protestas de quienes padecieron en el gobierno la difamación y las intimidaciones de Washington”.

Cría bots y te sacarán los ojos, dice el refrán popular adaptado al siglo XXI. El caso Cerimedo confirma que los marketeros electorales operan en las sombras para borrar cualquier huella digital comprometedora. Aventada la piedra, hoy los gobiernos de derechas en la región esconden la mano y niegan la cruz de su parroquia. En el anverso de la moneda, lejos de resignarse a jugar en cancha dispareja, oposiciones como las de Chile saben que disputan algo más que la siguiente elección. Saben que está en juego la credibilidad democrática y la soberanía ante un Washington con apetito injerencista insaciable. En manos de esos díscolos está que el caso Cerimedo no quede impune. 

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