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El vaso medio lleno

El resultado de Lula fue un golpe inesperado de realidad. La segunda vuelta era el desenlace probable, aunque el reparto de las posiciones de salida desafió pronósticos. Que Lula largue en segundo como incumbente menguó el optimismo preelectoral que crecía al ritmo de los cierres de campaña. Brasil parece encaminado al retorno del clan Bolsonaro, protegido de Trump. En ese páramo que es América Latina toca vivir. Lejos de sucumbir al pesimismo, cabe rastrear constelaciones en un firmamento enturbiado por la bruma de capa baja. Son contadas, pero hay razones de optimismo. 

En Argentina, Milei enfrenta la dura realidad de una economía que decrece al entrar al año electoral. Solo en el último mes, el presidente colecciona encabezados adversos: pobreza que sube, economía que decrece y corrupción que estalla. Sumado al deterioro económico global por las tasas de interés alcistas, Argentina luce frágil. El milagro prometido nunca llegó. En cambio, la riqueza personal de la genuina casta alcanzó nuevas alturas. Como es natural cuando las decepciones se acumulan, alguna encuesta pone a Kicillof (PBA) delante de Milei y otras más dan empate en un duelo hipotético. 

“En Estados Unidos, la aprobación presidencial de Trump no encuentra piso. Su popularidad ronda el 38 por ciento, de acuerdo al agregador de encuestas de RealClearPolitics. A menos del mes de la elección intermedia del martes 3 de noviembre, una ola azul es más probable que posible”.

En México, Sheinbaum mantiene el momento mientras lidia con un vecino agresivo. La economía registró un crecimiento decepcionante en el primer bienio del gobierno. La incertidumbre comercial originada en Washington, las reglas de consolidación hacendaria y la política monetaria restrictiva fueron los tres grandes frenos. No obstante, la economía gana fuelle en meses recientes. En paralelo, el Latinobarómetro 2026, asociado a la Encuesta Mundial de Valores, confirma el abismal rechazo a Trump en México, lo cual reduce el techo de crecimiento de oposiciones ultra, encabezadas por el PAN y Salinas Pliego. Los detractores del gobierno buscarán movilizar el rechazo a la inseguridad como lo hicieron en casi todo el continente, aunque la caída en los homicidios dolosos dificulta incendiar esa pradera que es la opinión pública.

En Chile, Kast arrancó su gobierno con una colección de errores que agotó rápido la luna de miel, si alguna vez existió. Una economía aletargada con inflación alcista y desempleo es caldo de cultivo de insatisfacción. Un sondeo revela que uno de cada cuatro votantes de Kast en el balotaje hoy votaría distinto. Tanto ha crecido el rechazo que alguna encuesta pone en ocho de cada diez la desaprobación entre jóvenes de 18 a 34 años. Ese grupo etario galvanizado energiza las calles. En la frialdad de las oficinas, Bachelet, Boric, Jara y Vallejo toman la delantera de una oposición que crece por mérito propio y también por la famélica caballada de enfrente. Ante el divorcio de Kast con el elector, las izquierdas esperan turno con la motivación del amante en las sombras.  

En Bolivia, el gobierno de Rodrigo Paz mostró su verdadera cara con la siembra de actos autoritarios. Ahora mismo, el presidente cosecha ingobernabilidad y movilización popular, aunque ciertamente contenida con la ayuda de Washington. Al proteger a Cerimedo y su esposa y en cambio remover al fiscal general y amenazar al vicepresidente, el gobierno ata su destino a un estigma de corrupción del que ya no podrá desprenderse. El MAS—o lo que quede de él—enfrenta la dura tarea de alcanzar unidad—o al menos la apariencia de una—, aunque las condiciones de posibilidad lucen menos cuesta arriba que hace unos meses. El aura regresa y la partida moral se juega en cancha favorable a la oposición.

En Estados Unidos, la aprobación presidencial de Trump no encuentra piso. Su popularidad ronda el 38 por ciento, de acuerdo al agregador de encuestas de RealClearPolitics. A menos del mes de la elección intermedia del martes 3 de noviembre, una ola azul es más probable que posible. Si los demócratas recuperan ambas cámaras y voltean algunos gobiernos estatales, el golpe mediático a Trump no sería tan despreciable como pintan los pesimistas. De caer por barrida, de pronto luciría débil a menos de dos años de una elección presidencial en la que ya no puede contender. Ingenuo sería que la anticipación de un resultado adverso no tenga el mismo efecto de aterrizaje que tienen los vasos de agua en una borrachera. Algo de sobriedad retornaría, ya por miedo ya por mera prudencia. 

Brasil es clave como dique al sur, pero el ocaso del trumpismo al norte clavaría una estaca al pecho de quienes gobiernan conectados al ventilador que es Washington. Si Lula cae el domingo 25 de octubre, México podría quedar solo en el páramo que es ahora mismo América Latina. Si gana, podría contagiar a un vecino tolerante a la alternancia, como es Argentina, y entonces la marea gira. En cualquier caso, entre el 25 de octubre y el 3 de noviembre hay solo 9 días para guardar luto, en el peor escenario. Un vuelco de sentimiento podría reanimar el espíritu de los cabizbajos. El vaso medio lleno siempre es mejor movilizador. 

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