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NAZA en México

Aterrizó a México el documental NAZA: Una ventana a los sistemas de exterminio masivo. Encontró éxito temprano. Cinemex lo estrenó en 36 salas el jueves 22 de octubre y al día siguiente amplió la proyección a 79 salas. La Cineteca Nacional anunció taquilla agotada en la primera semana. Para disgusto de quienes intentaron descarrilarla, la cinta no defrauda las expectativas creadas por su persecución. Es una obra esencial para entender el presente y un valioso archivo histórico para llevar a los perpetradores de crímenes de guerra a juicio en el futuro.

La cinta explica la violencia institucional contra los gazatíes desde el lenguaje como punto de partida. NAZA es el acrónimo militar de Nezek Agavi o “daño colateral”, un eufemismo utilizado por la inteligencia israelí para estimar la cifra de inocentes civiles muertos en un bombardeo. Según uno de los testimonios, la cifra NAZA alcanzó hasta 500 en un bombardeo que tenía a un solo ser humano como objetivo militar directo. En muchos ataques, barrios enteros fueron arrasados a sabiendas de que cientos de civiles, muchos de ellos menores y mujeres, habitaban los edificios. El propósito no era solo exterminar terroristas, sino convertir zonas de Gaza en territorio inhabitable.

“Es una obra esencial para entender el presente y un valioso archivo histórico para llevar a los perpetradores de crímenes de guerra a juicio en el futuro”.

Los directores Yuval Abraham y Rachel Szor, ganadores de un Óscar en 2024 por “No Other Land”, recogen los testimonios de 24 exmilitares y trabajadores de inteligencia israelís sobre los métodos empleados en los ataques contra la población palestina. Hurgan en las entrañas del genocidio y sus condiciones de posibilidad. En sus propias palabras, el enfoque “no está en crímenes de guerra esporádicos cometidos por soldados renegados que desobedecieron mandamientos. Está en las órdenes mismas, las políticas, las prácticas aceptadas, el lenguaje y la lógica que hacen posibles esos actos, y las personas que los operan. El sistema y sus engranajes. Esto importa, en parte, porque la cuestión del genocidio es inseparable de la cuestión de la intención. A menudo se trata la intención como algo oculto en la mente de los líderes políticos o militares. Pero los sistemas también revelan la intención: por medio de las reglas que crean, los objetivos que autorizan, los riesgos que aceptan y los patrones que producen repetidamente”.

NAZA reúne conversaciones filmadas clandestinamente en azoteas de Tel Aviv. Las charlas ocurren de noche, mientras la cotidianidad urbana es retratada a través de balcones y ventanas de edificios intactos. El propósito no solo es garantizar el anonimato de los entrevistados. También es trazar un paralelismo. Según los testimonios, el ejército israelí bombardea de noche para aumentar la efectividad de los ataques. En esas horas, los presuntos “terroristas”—clasificación determinada por un algoritmo que apenas alcanza 85% de precisión—regresan con sus familias, espiadas de forma masiva. Es mediante el espionaje como los atacantes corroboran—o no, da igual—si el militante de Hamás habita la vivienda objetivo. En reiteradas ocasiones, los entrevistados declaran haber infiltrado los teléfonos de menores de edad, escuchar sus conversaciones íntimas, ver sus fotografías y también atestiguar de manera remota, “como en un videojuego”, sus últimos minutos de vida. Un testigo se compara a sí mismo con los nazis.

“La cuestión del genocidio es inseparable de la cuestión de la intención. A menudo se trata la intención como algo oculto en la mente de los líderes políticos o militares”.

Por algo los poderosos obstruyen la cinta. El documental de una hora y 20 minutos se estrenó de forma independiente en Estados Unidos con el apoyo de The Guardian y MK2 y a México llegó con Artegios Distribución, de forma restringida y sin la participación del gigante Cinépolis. En otros países como Costa Rica no corrió con la misma fortuna y su distribución masiva fue obstaculizada. En la Ciudad de Buenos Aires, casi todos los cines públicos y privados, además de museos e instituciones educativas, rechazaron su exhibición en un aparente bloqueo.

En Israel, NAZA desató una cacería contra sus creadores. Las Fuerzas de Defensa de Israel calificaron la cinta como “una representación distorsionada, engañosa y poco sincera del proceso de planificación de objetivos y ejecución de ataques de las FDI”. Benjamín Netanyahu y varios altos cargos militares y figuras políticas de extrema derecha pidieron que se revocara la ciudadanía de los directores y los acusaron de “traición contra el Estado”. En una publicación del 11 de octubre, el primer ministro señaló que el documental “daña severamente la posición de Israel” y ordenó la captura de los participantes por “ofensas serias a la seguridad, difamación penal y daño a los intereses de Israel”.

Amén de su inestimable valor no pecuniario, la cinta alcanzó éxito comercial con todo y las barreras políticas. Hasta la última ocasión (23/10) en que revisé el sitio Box Office Mojo, un confiable contador de taquilla, NAZA llevaba más de 7.5 millones de dólares en ventas con una distribución aún limitada y cifras muy parciales. En Estados Unidos, el ingreso rondaba el millón de dólares. Italia, con casi 6 millones de dólares, aportaba la mayor parte—por el festival de Venecia, donde fue ovacionada—, seguida del Reino Unido, España, Australia y Portugal. Si bien la taquilla es un parámetro estrecho de triunfo, en NAZA sirve como señal de protesta y gesto de solidaridad.

NAZA no es un paseo por el bosque, es el descenso a un valle de tinieblas. La desesperanza toma la mano del espectador y lo acompaña en un derrotero amargo. Al salir de la sala dimensioné lo que escribió Owen Jones en X: “Ayer vi NAZA. Al final, hubo un silencio absoluto, solo interrumpido por algún sollozo ocasional. Nadie se movió hasta que terminaron de pasar los créditos. Es una película en la que los autores de un genocidio confiesan sus crímenes”. NAZA también provoca ansiedad por los alcances destructivos de la inteligencia artificial. Los horrores parecen de otro planeta, uno sin ley ni principios morales. Por tristeza, NAZA documenta las miserias humanas de un siglo que prometía abatirlas. Aquí, en esta Tierra compartida. Acaso la era digital crea nuevos tipos de monstruos.

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